Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, no se escondió. Pidió licencia. Dio la cara. Y soltó una frase que pesa más que cualquier comunicado oficial: “No voy a permitir que me utilicen para dañar el movimiento al que pertenezco”
En un breve mensaje televisado, el mandatario de 76 años —militante de Morena— anunció que se separa temporalmente del cargo para “facilitar” las investigaciones sobre acusaciones de presuntos nexos con el narcotráfico, señalamientos que vienen desde el Departamento de Justicia de Estados Unidos
Y aquí es donde empieza lo interesante. Porque Rocha no se está fugando ni escondiendo: está enfrentando. Solicita licencia, permite que lo investiguen, y sostiene que las acusaciones son “falsas y dolosas”. Mientras tanto, en Chihuahua, Maru Campos sigue en funciones, sin licencia, sin pausa, sin esa mínima señal política de rendición de cuentas. Dos estilos. Dos tratamientos. Dos narrativas.
🧠 Escobar lo dice sin filtro
Jesús Escobar Tovar lo pone sobre la mesa sin maquillaje:
"Ahora, Estados Unidos va por Rubén Rocha porque dice que quiere combatir el narco, pero no es así.
A ellos les vale un pepino si Rubén Rocha es o no un narco-gobernador; lo que les importa es que México ceda en temas de petróleo, minerales estratégicos y tierras raras, así como en asuntos de soberanía que se están discutiendo en el T-MEC. Eso es lo que realmente quiere Estados Unidos.
Si México mañana les dice: “ok, pueden controlar el 51% de nuestro sector energético, vamos a asociarnos con ustedes para que extraigan litio y utilicen las tierras raras que quieran”, te garantizo que se olvidan del expediente.
Así de sencillo: si consiguen lo que quieren, todo lo demás pasa a segundo plano."
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🧠 Morales y el perfil que inquieta
Oscar M. Morales agrega otra pieza al rompecabezas:
"el papel del embajador de Estados Unidos en México, nominado por Donald Trump, el caso
de Ronald Johnson, un coronel del ejército de las fuerzas especiales del ejército estadounidense,
a gente de la CIA, experto en operaciones encubiertas, experto en balcanización, participó en la
balcanización de la extinta Yugoslavia a finales de los 90s, participó también en los procesos
de guerra civil en el Salvador y es es precisamente el perfil que Donald Trump nominó para México,
para que nominaría Donald Trump a un personaje de estas características que podemos esperar
de un perfil así justo el escenario que estamos viviendo hoy en México, escenario de balcanización,
escenario de desestabilización, porque digamos están echando andar por varias vías,
estos a través de operativos encubiertos en sus nexos con los carteles de la droga,
que en realidad son grupos paramilitares al servicio de la imperialismo estadounidense."
📎 Fuente:
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☠️ esto ya pasó… y peor
Antes de que Trump inventara el término “narco-gobierno” para atacar a México, había una mesa en Bolivia en 1981 donde la CIA, un nazi y Pablo Escobar estaban construyendo juntos el narcotráfico moderno.
En Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en la casa del empresario ganadero Roberto Suárez, se sentaron a cenar un criminal de guerra nazi llamado Claus Barbie y un narco en ascenso llamado Pablo Escobar.
Suárez tenía la pasta base de coca; Escobar, los laboratorios para cristalizarla en Colombia.
Y Barbie, el experto en seguridad, inteligencia y paramilitarismo, lo conectaba todo.
Sin esta alianza, Der Spiegel lo documentó con archivos desclasificados de la CIA y del Congreso de Estados Unidos, Bolivia no se habría convertido en la cuna de la industria mundial de la cocaína y el cártel de Medellín no habría crecido tan rápido.
Claus Barbie no era un nazi retirado haciendo trabajos de seguridad; era un activo de la CIA.
Fue reclutado por la inteligencia estadounidense en 1947, escondido en Bolivia bajo identidad falsa con ayuda de la Iglesia católica y puesto a trabajar como operador político-militar y protector de rutas de droga al servicio de Washington durante la Guerra Fría.
Su grupo paramilitar, “Los Novios de la Muerte”, con su cuartel general decorado con esvásticas, derrocó al gobierno boliviano en 1980 y puso en el poder a una dictadura que protegía el narcotráfico.
El agente de la DEA Michael Levin lo documentó todo en su libro La guerra falsa. Levin logró comprar más de mil kilos de cocaína a la red de Suárez en una operación encubierta.
Los bolivianos fueron detenidos en Miami, y entonces apareció la mano de la CIA. Nadie podía ser arrestado. Todo el mundo tenía que quedar libre.
La mayor operación antidroga de la historia fue cancelada desde adentro.
El dinero de esa cocaína financió golpes de Estado, torturas y desapariciones en América Latina bajo el nombre de la lucha anticomunista.
🎙️ Cierre
Y luego se sorprenden cuando alguien duda de las “buenas intenciones”, como si la historia no estuviera ahí recordándonos que estas dinámicas no son nuevas, sino parte de un patrón donde la presión política, los intereses económicos y la narrativa judicial terminan mezclándose hasta volverse indistinguibles.
Porque esto no es solo el caso de Rubén Rocha Moya como gobernador de Sinaloa, ni un expediente que aparece en el momento más conveniente, sino una señal de cómo operan las relaciones de poder cuando lo que está en juego va mucho más allá de una persona o un cargo.
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