La noticia más reciente huele a pólvora, petróleo y fantasía imperial: según Politico, el Pentágono lleva meses acomodando tropas, barcos, drones y misiles alrededor del Caribe, listo para “encender el cerillo” contra Cuba si Donald Trump da la orden. Y ahí aparece Marco Rubio, relamiéndose con su sueño mojado de toda la vida: ver a Washington entrar a La Habana como si Cuba fuera una sucursal atrasada de Miami-Dade, con bandera prestada, himno impuesto y cadáveres cubanos como daño colateral.
Rubio dice que Cuba es un “estado fallido” a 90 millas de Estados Unidos y que eso representa una amenaza para la seguridad nacional. Qué conveniente. Cada vez que Washington quiere aplastar a un país pobre, primero lo convierte en amenaza existencial. Irak tenía armas invisibles. Venezuela tenía que ser “liberada”. Ahora Cuba, agotada por décadas de bloqueo, mala administración, represión interna y crisis económica, de repente es presentada como si fuera una superpotencia caribeña con capacidad de invadir Florida en balsas nucleares. El absurdo ya ni se molesta en peinarse.
Y aquí es donde hay que decirlo con claridad: uno puede rechazar al comunismo cubano, denunciar la represión, exigir elecciones libres, defender presos políticos y apoyar una transición democrática sin pedir que Estados Unidos bombardee la isla. Porque una invasión no democratiza: ocupa. No libera: destruye. No salva vidas: las convierte en estadísticas.
Manuel Cuesta Morúa, opositor cubano, historiador y presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba, no es ningún apologista del régimen. Al contrario: ha dicho que el 90 por ciento del país quiere cambios y que Cuba necesita democratización, Estado de derecho y respeto a los derechos humanos. Pero también rechaza la intervención militar porque, según él, no respondería a las verdaderas demandas de los cubanos. Incluso advierte que ahogar a Cuba puede terminar fortaleciendo la maquinaria represiva del Estado. Qué cosa tan rara: un opositor serio entiende lo que los halcones de Washington fingen no entender.
En Semana fue todavía más directo: desde el sector de la oposición donde él se ubica, no creen que una intervención militar sea la solución para Cuba. Eso debería bastar para cerrarles la boca a los Rambos de teclado que desde Hialeah, Madrid o Twitter piden bombas sobre barrios donde no viven sus hijos.
También Cristina Escobar, periodista cubana que ha criticado a la prensa estatal, escribió algo brutalmente humano: quien quiere bombas sobre Cuba no quiere a los cubanos. Porque para cambiar un gobierno primero hace falta que la gente siga viva. Niños vivos. Familias vivas. Ancianos vivos. Cubanos vivos.
La tragedia de Cuba no se resuelve con comunismo autoritario ni con imperialismo disfrazado de libertad. Cuba merece democracia, sí. Merece derechos, comida, luz, justicia y futuro. Pero no merece portaaviones frente a sus costas ni misiles lanzados en nombre de una libertad que siempre llega hablando inglés y cobrando intereses.
Marco Rubio puede soñar con su postal de triunfo. Trump puede imaginar otra guerra para inflar su ego. Pero el pueblo cubano no es utilería para la campaña de nadie. Cuba necesita cambio. Lo que no necesita es otra invasión gringa vendida como acto humanitario por los mismos pirómanos que siempre llegan con gasolina y Biblia.
Fuentes:
Politico: https://www.politico.com/news/2026/05/27/cuba-us-military-attack-00938740
14ymedio: https://www.14ymedio.com/entrevista/manuel-cuesta-morua-90-pais_1_1123374.html
Semana: https://www.semana.com/mundo/articulo/opositor-cubano-habla-en-semana-desde-la-isla-y-asegura-que-el-pais-esta-a-punto-de-colapsar/202652/
CiberCuba: https://www.cibercuba.com/v1/noticias/2026-05-19-u1-e135253-s27061-nid329699-quiere-bombas-cuba-quiere-cubanos-cristina-escobar
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