LINDSEY GRAHAM: EL HOMBRE QUE LE VENDIÓ EL ALMA A TRUMP

Publicado el 13 de julio de 2026, 7:01

Lindsey Graham murió a los 71 años después de una enfermedad repentina. Su muerte merece el respeto elemental que acompaña la pérdida de cualquier ser humano y el dolor de su familia. Pero morir no convierte una carrera política en un monumento a la valentía ni obliga a borrar los daños causados desde una posición de poder.

Graham fue durante décadas una de las voces más influyentes y belicosas de Washington. Defendió intervenciones, sanciones y amenazas militares con la facilidad de quien nunca tendría que escuchar las bombas caer sobre su propia casa. Sin embargo, su legado terminó definido menos por sus convicciones que por la rapidez con la que las abandonó cuando Donald Trump conquistó al Partido Republicano.

Durante la campaña de 2016, Graham llamó a Trump incompetente, peligroso e incapaz de ejercer la Presidencia. Sabía perfectamente quién era. Lo denunció antes que muchos republicanos y advirtió sobre el daño que podía causar. Después Trump ganó, y Graham guardó sus principios en una caja, la enterró junto a la memoria de John McCain y apareció sonriente en el campo de golf presidencial.

El hombre que aseguró que Trump destruiría al Partido Republicano terminó convertido en uno de sus mayores defensores. Tras el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021, Graham declaró: “Ya no cuenten conmigo. Ya fue suficiente”. Su separación duró aproximadamente lo que tarda un político sin columna vertebral en revisar las encuestas. Poco después estaba otra vez junto a Trump, defendiendo al mismo hombre cuyos seguidores intentaron impedir la transferencia pacífica del poder.

El estratega republicano Steve Schmidt, antiguo colaborador de McCain, lo describió tras su muerte como un “pez rémora parasitario” y un hombre sin principios que cambió su decencia por atención. La descripción es brutal, pero no gratuita: Graham conocía el peligro de Trump y decidió servirle porque el acceso al poder le importó más que la Constitución.

Para México, su legado fue todavía más amenazante. Graham hablaba del país como si fuera un territorio incapaz de gobernarse y como si Washington tuviera el derecho natural de intervenir. En 2023 prometió “desatar la furia y el poder de Estados Unidos” contra los cárteles mexicanos. También impulsó legislación para designarlos organizaciones terroristas extranjeras y ampliar las facultades del Gobierno estadounidense para combatirlos.

Decía que no proponía invadir México, una aclaración bastante creativa cuando al mismo tiempo defendía el uso de fuerza estadounidense dentro de territorio mexicano. Una operación militar realizada sin autorización de otro país tiene un nombre sencillo: violación de soberanía. En Washington, sin embargo, suelen inventar vocabulario elegante cuando quieren bombardear a alguien sin admitir que lo están invadiendo.

Graham exigía que México frenara el fentanilo y la violencia de los cárteles, pero rara vez mostraba el mismo entusiasmo para enfrentar la demanda estadounidense de drogas, el lavado de dinero o el flujo de armas desde Estados Unidos hacia México. Para él, la culpa siempre viajaba hacia el sur, mientras el dinero y las armas cruzaban la frontera en dirección contraria sin protagonizar sus discursos.

Su arrogancia tampoco se limitó a México. Fue un promotor persistente de la confrontación con Irán, apoyó una política agresiva contra Rusia y ofreció respaldo prácticamente incondicional al Gobierno de Benjamin Netanyahu. Su respuesta favorita ante las crisis internacionales parecía ser siempre la misma: más sanciones, más amenazas y, cuando fuera posible, más bombas pagadas por contribuyentes estadounidenses y sufridas por familias extranjeras.

También hubo otro Lindsey Graham. Participó en esfuerzos bipartidistas para reformar el sistema migratorio y defendió en algún momento un camino a la ciudadanía para millones de indocumentados. Esa parte de su historia existió. Precisamente por eso resulta más grave lo que eligió después.

Pudo convertirse en un contrapeso dentro de su partido. Pudo honrar a McCain enfrentándose al hombre que lo humilló. Pudo defender al Senado y a la Constitución cuando más importaba.

Eligió a Trump. Eligió los reflectores. Eligió el poder.

No hay que celebrar su muerte. Eso no repara nada y nos reduciría al mismo cinismo que criticamos. Pero tampoco existe obligación de transformar a un oportunista en estadista solamente porque ya no puede responder.

La muerte merece respeto. La historia exige honestidad.

Lindsey Graham sabía quién era Donald Trump y se arrodilló ante él de todos modos. Amenazó la soberanía mexicana, redujo América Latina a drogas, cárteles y objetivos militares, y ayudó a normalizar una política exterior donde la fuerza sustituye a la diplomacia.

Hoy, lamento que un hombre con tanta experiencia, influencia y capacidad haya decidido utilizar todo eso para servir al poder en lugar de enfrentarlo.

Les habla El Chupacabras.

#ElChupacast

FUENTES:

Associated Press, muerte y trayectoria política:
https://apnews.com/article/316557edcf7cbcde3dcfe3dffcd2d566

Reuters, fallecimiento de Lindsey Graham:
https://www.reuters.com/world/us/us-senator-lindsey-graham-passes-away-2026-07-12/

Declaración oficial de Graham sobre “desatar la furia y el poder” contra los cárteles:
https://www.lgraham.senate.gov/public/index.cfm/2023/3/graham-we-are-going-to-unleash-the-fury-and-might-of-the-u-s-against-these-drug-cartels

Propuesta para designar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas:
https://www.lgraham.senate.gov/public/index.cfm/2023/3/graham-senators-introduce-legislation-to-designate-mexican-drug-cartels-as-foreign-terrorist-organizations

Comentarios de Graham sobre cárteles y control territorial en México:
https://www.lgraham.senate.gov/public/index.cfm/2023/3/mexican-drug-cartels-on-notice-about-fentanyl-discusses-russia-as-a-state-sponsor-of-terrorism

Crítica de Steve Schmidt:
https://steveschmidt.substack.com/p/lindsey-knew-better-he-chose-worse

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios