Hoy, en las semifinales del Mundial 2026, Argentina se enfrenta a Inglaterra en un partido que invoca la Guerra de las Malvinas, porque nunca serán las Falklands, jamás, y también aquel encuentro histórico entre ambos equipos disputado hace 40 años, cuando Diego Maradona y su “Mano de Dios” lograron una victoria divina para Argentina en México 1986.
A pesar de que Javier Milei me cae gordo, pues es el líder mundial que más detesto después de Donald Trump, hoy le voy a Argentina. Pasé un par de años en Argentina a finales de los años 80 y luego unos cuantos meses en 1995. Después de México, es un país que amo mucho.
Tengo gratos recuerdos de ver jugar a Maradona durante el Mundial de 1990, con la selección nacional dirigida por Carlos Bilardo. Nunca podré borrar de mi memoria los gritos de alegría que se escuchaban entre los argentinos cada vez que el equipo nacional anotaba un gol. Me volví fanático del Mundial a partir de aquel momento y, desde entonces, lo he seguido de cerca cada 4 años.
En este 2026, entiendo perfectamente por qué muchos pueden declarar que no apoyan a Argentina, ya que sus partidos no han sido precisamente los más limpios de esta edición del Mundial. Sin embargo, sigo siendo leal por varias razones.
En primer lugar, déjame aclarar algo: mi corazón está con el legado de Maradona. Aunque muchos consideran a Messi el más grande de la historia por sus estadísticas, títulos y longevidad, a mi parecer, Messi no alcanza ni la mitad del nivel simbólico y futbolístico de Maradona.
Maradona representa un verdadero espíritu latino: bravucón, salvaje, luchón y apasionado. Representa lo que realmente es el fútbol.
A diferencia de las oportunidades deportivas y de la estructura internacional que Messi recibió desde muy joven, Maradona nació rodeado de carencias. Nació en Lanús, en la provincia de Buenos Aires, y fue criado en Villa Fiorito, una villa miseria pobre y brava del conurbano bonaerense.
Maradona era hijo de un padre con raíces indígenas guaraníes, originario de Corrientes, en el norte de Argentina.
(Lea la historia de su familia aquí: https://www.clarin.com/cultura/diego-maradona-sangre-guarani-inedita-teoria-origen-ancestral-idolo_0_QyKa2BfGMR.html)
Las desventajas socioeconómicas y los desafíos que experimentó durante su juventud solo sirvieron para forjar a un verdadero campeón. Maradona representa la quintaesencia del futbolero latino. La falta de recursos lo volvió más consciente de las desigualdades, más humanista y más representativo de Latinoamérica en todos los sentidos.
Hay quienes lo fustigan por su admiración hacia su paisano Ernesto “Che” Guevara, por su amistad con Fidel Castro y hasta por su respeto hacia Evita Perón, pero muchos de quienes lo condenan jamás atravesaron la pobreza extrema de las villas miseria ni entendieron lo que esas figuras representaron para millones de latinoamericanos excluidos por las élites.
Y luego viene el tema de las Malvinas.
Las Malvinas, unas islas ubicadas en el Atlántico Sur, frente a la Patagonia argentina, provocaron una guerra entre Argentina e Inglaterra en 1982. Un total de 649 jóvenes argentinos fallecieron durante el conflicto, en el intento de recuperar lo que su país considera parte de su territorio nacional.
De ellos, 323 murieron cuando el crucero ARA General Belgrano fue torpedeado y hundido por el submarino nuclear británico HMS Conqueror. El buque argentino se encontraba fuera de la zona de exclusión marítima declarada por los británicos, un hecho que continúa provocando indignación y controversia más de cuatro décadas después.
Inglaterra podría hacer con las Malvinas algo parecido a lo que hizo con Hong Kong al devolver el control a China, pero no quiere renunciar a su posición estratégica en el Atlántico Sur ni a los recursos pesqueros y petroleros que rodean las islas.
(Vea más sobre la guerra aquí: https://www.semana.com/mundo/articulo/que-fue-la-guerra-de-las-malvinas-a-proposito-del-argentina-vs-inglaterra-por-el-mundial-2026/202642/)
Fue precisamente por el recuerdo de aquella guerra que el llamado Gol del Siglo, marcado por Maradona el 22 de junio de 1986, adquirió tanta importancia histórica.
Argentina apenas había salido de una dictadura brutal y todavía cargaba con la humillación de la derrota militar y del colonialismo británico. Sin embargo, los “pelotudos ingleses” no pudieron detener los esfuerzos de aquel joven forjado en una villa miseria, un muchacho pequeño de estatura, pero gigantesco cuando tenía el balón en los pies.
Para que los mexicanos lo entiendan, aquella victoria fue algo parecido a la Batalla de Puebla del Cinco de Mayo, pero al estilo argentino. Maradona le devolvió la dignidad a un pueblo al luchar y ganar dentro de una cancha mundialista. No recuperó las islas, pero durante 90 minutos derrotó al imperio que había humillado a su país apenas cuatro años antes.
Ahora, en 2026, bajo un gobierno dominado por Javier Milei, un chupamedias de Donald Trump, y con un país nuevamente humillado por la mafia del poder económico y por el Fondo Monetario Internacional, yo le voy a Argentina otra vez, pensando en aquel partido tan importante disputado hace 40 años.
Así que viva Maradona, viva Messi, viva Argentina y vivan las Malvinas.
Mi deseo es que Inglaterra salga completamente derrotada hoy.
#ElChupacast
Añadir comentario
Comentarios