Los comentaristas de los grandes medios llevan tiempo tratando de explicar por qué los candidatos progresistas siguen derrotando a los demócratas del establishment, incluso cuando sus rivales gastan mucho más dinero. La respuesta es sencilla: los progresistas hablan de los problemas reales que enfrentan las familias trabajadoras y proponen soluciones concretas.
El pueblo estadounidense sabe que el sistema económico está amañado. Mientras los multimillonarios acumulan fortunas sin precedente, alrededor del 60% de la población vive al día. En el país más rico de la historia, millones de personas batallan para pagar la renta, la comida, los medicamentos y los servicios básicos. Tampoco quieren que sus hijos tengan un nivel de vida inferior al suyo.
El establishment y sus medios califican las propuestas progresistas de “radicales”, “extremistas” o hasta “comunistas”. Es absurdo. En realidad, estas ideas cuentan con el respaldo de amplios sectores de la población.
La democracia no debería estar en venta. Es inaceptable que Elon Musk pueda gastar 290 millones de dólares para ayudar a elegir a Donald Trump, mientras otros multimillonarios de ambos partidos canalizan cantidades ilimitadas mediante los Super PACs. Debemos revocar la sentencia Citizens United, prohibir esos comités y avanzar hacia elecciones financiadas públicamente. Democracia significa una persona, un voto; no un multimillonario, millones de votos.
Nuestro sistema de salud tampoco funciona. Estados Unidos gasta casi el doble por habitante que otros países desarrollados, pero 85 millones de personas siguen sin seguro o con cobertura insuficiente. Además, pagamos los medicamentos más caros del mundo. La atención médica debe ser un derecho humano, no un negocio. Por eso necesitamos Medicare para Todos, propuesta respaldada por el 64% de los estadounidenses.
También es indignante que el salario mínimo federal continúe en 7.25 dólares por hora. Ninguna persona que trabaje tiempo completo debería vivir en la pobreza. Debemos elevarlo por lo menos a 20 dólares, proteger el derecho de los trabajadores a sindicalizarse y aprobar la Ley PRO para facilitar la negociación de mejores salarios, prestaciones y condiciones laborales.
En una época de desigualdad extrema, los más ricos y las grandes corporaciones deben pagar los impuestos que les corresponden. El 1% más rico posee más riqueza que el 93% restante, mientras millones de niños y adultos mayores viven con carencias. Es inadmisible que un multimillonario pague una tasa efectiva menor que una enfermera o un camionero.
La inteligencia artificial y la robótica transformarán la vida de todos. Sin reglas firmes, podrían eliminar millones de empleos, destruir la privacidad, dañar el medio ambiente, debilitar la democracia y perjudicar la salud mental infantil. El Gobierno debe garantizar que estas tecnologías beneficien a toda la sociedad, no solamente a los oligarcas tecnológicos.
También debemos enfrentar la crisis climática. Los últimos 11 años han sido los más calurosos registrados. Las olas de calor, inundaciones, sequías e incendios forestales ya están golpeando comunidades enteras. Podemos combatir esta emergencia y crear millones de empleos sindicalizados mediante energías limpias y eficiencia energética.
Finalmente, necesitamos transformar nuestra política exterior. Vietnam se justificó con mentiras. Irak se justificó con mentiras. La actual guerra en Irán también se basa en una mentira. No necesitamos gastar 1.5 billones de dólares anuales en el Pentágono para sostener guerras interminables y dictaduras. Tampoco debemos entregar decenas de miles de millones al gobierno extremista de Netanyahu mientras continúa la matanza de palestinos.
Los progresistas están ganando porque sus propuestas son populares. Ya es hora de que la clase política deje de decirle al pueblo qué debe pensar y comience a escuchar lo que realmente necesita.
—Adaptado de un artículo de Bernie Sanders Por qué están ganando los candidatos más progresistas en las primarias de EEUU
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