¡SÍ, SE PUDO!

Publicado el 4 de noviembre de 2026, 6:05

Durante la recta final de la campaña, Donald Trump recorrió el país con 30 actos en 32 días, pidiéndoles a los votantes que hicieran de cuenta que él estaba en la boleta. Pues le hicieron caso. Con la gasolina por las nubes, una guerra en Irán, bombardeos bajo las órdenes del comandante en jefe y un ICE que sigue sembrando terror entre comunidades vulnerables, Trump convirtió estas elecciones en un referéndum sobre su presidencia. Y sí: ayer le dieron una buena patada en el trasero.

No voy a mentir: Idaho me decepcionó. Los incondicionales del trumpismo reeligieron al gobernador Brad Little, nuestro querido “El Diminuto”, tan dispuesto a agacharse ante su jefe político. También mandaron de regreso al Senado a Jim Risch, otro veterano del arte de no incomodar al presidente cuando más falta hace ponerle un alto. Y, por si faltara algo, le regalaron otro mandato como procurador general a Raúl Labrador, “El Ladrador”, ese perro de ataque jurídico del MAGA que, a mi juicio, parece encontrar su vocación cada vez que hay una política que les puede hacer más difícil la vida a los inmigrantes. Sí, ese mero.

Pero también vi algo que me dio esperanza. En la casilla donde voté ayer había movimiento, y ocho muchachos de esos a los que algunos llaman “no sabo” se estaban registrando para votar por primera vez en su vida. Los trabajadores electorales me dijeron que habían visto un aumento considerable de jóvenes latinos. Escuché relatos parecidos de otras partes de mi condado, donde el Partido Demócrata pasó dos años tocando puertas, comprando una cantidad récord de anuncios en la radio en español y haciéndose presente en los eventos comunitarios.

¿El resultado? En el Distrito 26, Ron Taylor encabezaba la contienda para conservar su escaño en el Senado estatal, mientras Anita Janis y Kevin Marsh llevaban ventaja en las dos carreras para la Cámara de Representantes de Idaho, según los resultados preliminares. Todavía faltaba cerrar el conteo, pero el panorama era alentador. Pudo haber sido desastroso y terminó ofreciendo una posibilidad muy distinta. Para quienes vemos con preocupación el avance de la derecha más extremista, esas ventajas representan un respiro y una razón para seguir organizándonos.

A nivel nacional, la historia fue otra. Y qué historia.

Anoche, el milagro de Michigan tuvo nombre y apellido: Abdul El-Sayed. El demócrata progresista derrotó al republicano Mike Rogers, conservó un escaño crucial para su partido y se convirtió en el primer musulmán elegido al Senado de Estados Unidos. Hijo de inmigrantes egipcios y exfuncionario de salud pública, ganó con una campaña de base que puso sobre la mesa la cobertura médica universal, el combate a la influencia del dinero corporativo y el cuestionamiento al respaldo estadounidense a la guerra de Israel en Gaza.

Su victoria les da a los progresistas una respuesta contundente a quienes siempre les dicen que sus candidatos no pueden ganar en estados competitivos: El-Sayed ganó en Michigan, un estado que Trump se llevó en 2024. También sobrevivió a la puñalada trapera dentro de su propio partido, cuando Haley Stevens, derrotada en las primarias demócratas, terminó respaldando al republicano Rogers en los últimos días de la campaña. Ni con esa ayudita pudieron frenarlo.

Después de una campaña marcada por ataques contra su religión y sus raíces egipcias, El-Sayed regresó la conversación al lugar donde debía estar: los problemas cotidianos de la gente. En su discurso de victoria señaló que su nombre y su fe no eran los responsables de que las familias no pudieran pagar la gasolina o el mandado. Michigan le dio la oportunidad de llevar ese argumento hasta Washington.

Por todo el país, los demócratas conquistaron las mayorías de la Cámara de Representantes y del Senado, según las proyecciones electorales, y convirtieron la noche en un revés monumental para Trump y el poder republicano en Washington. Las victorias llegaron hasta territorios que muchos daban por perdidos: James Talarico derrotó a Ken Paxton en Texas; Sherrod Brown venció a Jon Husted en Ohio; Roy Cooper ganó el escaño abierto de Carolina del Norte; Josh Turek derrotó a Ashley Hinson en Iowa; y Adam Hamilton sacó a Roger Marshall en Kansas, convirtiéndose en el primer demócrata elegido al Senado por ese estado desde 1932.

Annie Andrews también ganó en Carolina del Sur, mientras Troy Jackson derrotó a Susan Collins en Maine. Una tras otra, las victorias fueron dibujando un mapa que hace poco parecía imposible y que terminó dejando al trumpismo con bastante menos de qué presumir.

Mi lectura es que el hartazgo por los precios, la guerra en Irán y la corrupción encontró una salida en las urnas. Ahora los demócratas tendrán herramientas concretas para enfrentar al gobierno durante los últimos dos años de Trump: dirigir comités, abrir investigaciones y disputar la agenda legislativa, además de ejercer la autoridad del Senado sobre los nombramientos judiciales y del gabinete. Eso no garantiza que vayan a tener los pantalones para usarlas, pero ya no podrán decir que les faltan los votos para controlar el Congreso.

Aunque todavía quedan carreras por resolver y los márgenes finales siguen en movimiento, el resultado central está claro: los votantes les dieron las mayorías necesarias para confrontar a un presidente que pasó estos dos años gobernando con ambas cámaras en manos republicanas. Ahora les toca demostrar para qué las querían.

Y ahora sí, la posdata: ¡qué noche para los candidatos latinos! Xavier Becerra será el primer gobernador latino de California elegido directamente por los votantes; la precisión importa porque Romualdo Pacheco ocupó el cargo en 1875 por sucesión. En Texas, Gina Hinojosa derrotó a Greg Abbott y será la primera gobernadora latina del estado. Y sí, después de tanto andar “desvelado”, Bobby Pulido ganó su elección al Congreso al derrotar a la republicana Monica De La Cruz. Esta vez el desvelo sí dejó algo más que ojeras.

Así que, la neta, SÍ SE PUDO. Podría ser mejor, claro, pero alcanza para un nuevo comienzo. Ahora espero que también haya cambios en la dirigencia nacional del Partido Demócrata para respaldar este resultado y a quienes lo hicieron posible. Porque después de pedirle a la gente que salga, se organice y vote, lo mínimo es responderle con hechos. Ya ganaron las herramientas; ahora que las usen.

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