TRUMP QUIERE CANCELAR ELECCIONES, INVADE PAÍSES Y SUEÑA CON UN IMPERIO: EL MANUAL DEL AUTÓCRATA EN TIEMPO REAL

Publicado el 7 de enero de 2026, 6:12

Cinco años después del asalto al Capitolio —un intento patético y sangriento de revertir la voluntad popular que dejó cinco muertos y más de 140 heridos— Donald Trump volvió a cruzar una línea que ningún presidente democrático debería siquiera rozar: hablar abiertamente de cancelar elecciones.

No fue un desliz. No fue sarcasmo. Fue una confesión política.

"You've got to win the midterms, because if we don't win the midterms, it's just going to be, I mean they'll find a reason to impeach me.
I'll get impeached."

Trump no pide votos para gobernar mejor. Pide votos para no rendir cuentas. Ganen las intermedias o me destituyen. Así de claro. La democracia convertida en escudo personal.

Luego viene el cinismo puro:

"We don't impeach them, you know why?
Because they're meaner than we are."

El lamento de un aspirante a tirano frustrado: ellos sí usan el poder sin escrúpulos, nosotros no. No es ideología; es envidia autoritaria.

Trump continúa:

"We should have impeached Joe Biden for a hundred different things.
They are mean and smart."

Ni pruebas, ni Constitución, ni hechos. Pura sed de venganza.

Y entonces, el momento más peligroso del discurso:

"Now I won't say cancel the election.
They should cancel the election because the fake news will say, he wants the election cancel.
He's a dictator."

La maniobra es grotesca: yo no digo que cancelemos elecciones… otros deberían hacerlo. Y enseguida, la victimización clásica:

"They always call me a dictator."

No, Donald. Te llaman dictador porque piensas como dictador y hablas como dictador.

Después, el ataque obsesivo contra Barack Obama y Joe Biden:

"The worst president did the worst job.
They had the worst policy."

Obama sigue siendo el enemigo simbólico. Biden, en cambio, es presentado como un títere senil:

"Nobody's worse than Obama and the people that surrounded Biden.
Not Biden.
I don't think it's Biden.
He didn't know what the hell was going on."

Deshumanizar al adversario es paso previo a justificar el abuso de poder.

Y como siempre, la mentira que lo sostiene todo:

"The election was rigged.
He had no idea what happened.
He still doesn't."

La falsedad que abrió la puerta al 6 de enero. La misma que ahora abre la puerta a cancelar elecciones.

Fuente:
https://www.express.co.uk/news/world/2154343/donald-trump-speech-elections-republican-january-6


DEL MICRÓFONO AL MISIL

Mientras en casa coquetea con suspender comicios, en el exterior Trump desata operaciones militares sin autorización del Congreso.

Venezuela fue el ensayo real: un ataque militar, captura de un presidente extranjero, incautación de recursos petroleros y una Casa Blanca celebrando el “espectacular asalto”.

La ONU advirtió que esta acción hace al mundo “menos seguro”. Y las consecuencias políticas ya están aquí: crecen los llamados a un tercer impeachment.

Legisladores demócratas —y no pocos expertos constitucionales— lo dicen sin rodeos: Trump violó la Constitución al lanzar una operación militar sin aval del Congreso y al declarar su intención de “administrar” otro país soberano.

Las palabras “ilegal”, “secuestro”, “golpe” e “impeachable offense” ya no son retórica: son advertencias formales.

Fuente:
https://time.com/7343574/trump-impeachment-calls-gather-pace-venezuela-fallout/


GROENLANDIA: EL SIGUIENTE OBJETIVO

Como todo proyecto imperial, el apetito no se sacia. Ahora Trump apunta a Groenlandia. Y ya no habla de comprar: habla de usar al ejército.

La Casa Blanca lo admite abiertamente: “utilizar al Ejército de EE.UU. siempre es una opción”.

Stephen Miller lo dice aún más claro: el mundo se rige por la fuerza, no por el derecho.

Europa entra en alarma máxima. Dinamarca advierte que un ataque a Groenlandia significaría el fin de la OTAN. Francia, Alemania, Reino Unido y otros países recuerdan algo básico: las fronteras no se redibujan con tanques.

Fuente:
https://abcnews.go.com/Politics/us-military-option-acquiring-greenland-white-house-official/story?id=128960041


EL PATRÓN NO ES CASUALIDAD

Trump no teme al impeachment; teme perder poder.
Trump no rechaza la etiqueta de dictador; le molesta que se la pongan antes de consolidarse.
Trump no quiere competir en elecciones; quiere controlar cuándo y si ocurren.

Por eso habla de cancelar comicios.
Por eso vende mercancía de “Trump 2028”.
Por eso dice que hay “métodos” para un tercer mandato.
Por eso ruega ganar las intermedias: para blindarse.

Esto no es exageración. Es el guion completo del autoritarismo, narrado por su propio protagonista.

Cinco años después del 6 de enero, Trump ya no necesita turbas.
Ahora tiene el Estado.
Ahora tiene el Ejército.
Ahora tiene el micrófono… y ninguna intención de soltarlo.

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