Si algo dejó claro la caída en desgracia de Donald Trump en las encuestas durante las últimas semanas no fue un despertar moral, sino pánico electoral. La violencia desatada por ICE y Border Patrol, coronada por la ejecución de Alex Pretti en Minneapolis, empezó a filtrarse en el único lugar que realmente importa en esta Casa Blanca: los números. No las víctimas. No la legalidad. No la verdad. Las encuestas. Y cuando el rostro del abuso se volvió demasiado reconocible, había que cambiarlo.
Ese rostro era Gregory Bovino. Un funcionario convertido en influencer armado, con abrigo largo, coreografía marcial y obsesión por la cámara. No fue la izquierda estadounidense la que encendió las alarmas primero. Fue Alemania. Der Spiegel observó que Bovino proyectaba una estética abiertamente nazi. El escritor Arno Frank describió lo que llamó una “intervención autoritaria” en Estados Unidos, señalando que mientras otros agentes vestían lo que había, Bovino se estilizó deliberadamente para sobresalir, “como un elegante oficial de las SS frente a una turba de las SA”. Corte perfecto. Postura rígida. Solo faltaba el monóculo.
https://www.spiegel.de/
No lo removieron por mentir descaradamente después de la muerte de Pretti. No por defender disparos por la espalda. No por actuar fuera de la cadena de mando. Lo removieron porque empezó a hacer daño político. Porque su imagen fascista ya no movilizaba aplausos, sino rechazo. Eso lo deja claro The Atlantic, que documenta cómo Bovino fue degradado y enviado de regreso a California mientras Trump buscaba desesperadamente “desescalar” el desastre mediático.
https://www.theatlantic.com/politics/2026/01/greg-bovino-demoted-minneapolis-border-patrol/685770/
¿La solución? No frenar la maquinaria. Cambiar al operador. Entra en escena Tom Homan, vendido ahora como “el adulto en la sala”, el gran desescalador. El mismo Homan que presume en Fox News que no le importan los jueces. El mismo que llamó “cómo escapar del arresto” al simple acto de conocer tus derechos. El mismo que llegó a Chicago acompañado de Dr. Phil, porque nada dice “estado de derecho” como redadas convertidas en reality show.
https://www.esquire.com/news-politics/politics/a70145904/tom-homan-minneapolis-ice/
https://blockclubchicago.org/
Moralmente, Homan está en bancarrota. No cree en límites legales, no cree en supervisión judicial, no cree en derechos civiles. Cree en fuerza, espectáculo y castigo colectivo. Que ahora lo presenten como correctivo revela hasta qué punto Washington ha normalizado el autoritarismo. No es un giro ético. Es una optimización.
EL DETALLE QUE LO DEFINE TODO: EL SOBORNO
Y por si todavía alguien quiere fingir sorpresa moral con Homan, conviene dejarlo escrito en piedra: Homan es el funcionario que aceptó 50 mil dólares en efectivo. Según una investigación citada por Esquire, fue grabado aceptando el dinero durante una reunión en Texas en septiembre de 2024. El FBI y el Departamento de Justicia tenían el caso abierto, pero curiosamente lo dejaron morir justo cuando Homan empezó a perfilarse como pieza útil para una futura administración Trump. Un funcionario del propio Departamento de Justicia calificó la investigación como un supuesto complot del “deep state”, y ahí terminó todo. Sin cargos. Sin consecuencias. Con carrera intacta.
https://www.esquire.com/news-politics/politics/a70145904/tom-homan-minneapolis-ice/
Así que no, no estamos ante un “hombre duro pero honesto”. Estamos ante un operador que desprecia a los jueces, ridiculiza los derechos civiles y acepta sobres con billetes. Justamente el perfil ideal para un gobierno que no busca legalidad, sino lealtad ciega y eficacia represiva sin escrúpulos.
La historia conoce bien este movimiento. Heinrich Himmler construyó la infraestructura del terror. Heinrich Müller la volvió más eficiente. Cuando Müller ganó poder, no hubo moderación. Hubo consolidación. Menos discurso. Más método. Cambiar a Bovino por Homan es exactamente eso. Mismo proyecto. Mejor administrado. Menos torpeza visual. Más daño silencioso.
Y no olvidemos a Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional que defendió a los agentes incluso cuando los videos desmentían su versión. Violencia no le falta. Sensibilidad tampoco. Es la misma persona que presumió haber ejecutado a su propio perro porque “no servía”. Si así resuelve un problema doméstico, nadie debería sorprenderse de cómo entiende la fuerza del Estado.
https://www.theguardian.com/us-news/2024/apr/26/kristi-noem-dog-shot-book
Esto no es un error aislado ni un exceso corregible. Es una estrategia. Cuando el autoritarismo empieza a costar votos, se cambia de cara, no de política. La sangre se limpia del encuadre, no del pavimento. Luego nos dicen que estemos tranquilos, que ahora sí llegó el hombre correcto.
La historia ya explicó cómo termina ese truco.
Y nunca termina bien.
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