ICE no solo dominó el fin de semana. Lo secuestró. Marchas masivas, paros estudiantiles y protestas en varias ciudades del país dejaron claro que algo se rompió. El hilo que une todo no es abstracto ni ideológico. Es concreto, armado y con placa: ICE.
En Minneapolis, mientras miles salían a las calles a denunciar redadas y abusos, el gobierno federal seguía jugando a las escondidas con una verdad incómoda. Dos agentes malinchistas que se creen cocos fueron finalmente identificados como los presuntos asesinos de Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años que trabajaba en un hospital del Departamento de Asuntos de Veteranos. Pretti murió baleado durante un operativo migratorio que nunca debió existir.
Los nombres importan, aunque a CBP le provoquen urticaria. Según registros revisados por ProPublica, quienes dispararon fueron Jesús Ochoa, agente de la Patrulla Fronteriza, y Raymundo Gutiérrez, oficial de Aduanas y Protección Fronteriza. Ambos estaban asignados a la operación Metro Surge, un operativo lanzado en diciembre que inundó Minneapolis de agentes federales armados, enmascarados y operando con una impunidad casi inédita en la historia moderna del país.
CBP admitió ante el Congreso que dos agentes dispararon pistolas Glock. Los nombres no venían incluidos. Transparencia, tampoco.
Fuente: HuffPost / ProPublica
https://www.huffpost.com/entry/alex-pretti-shooting-cbp-agents-identified-jesus-ochoa-raymundo-garcia_n_697fc3e1e4b03611978d3630
El asesinato de Pretti no fue un accidente ni un caso aislado. Ocurrió días después de que otro agente migratorio matara a tiros a Renee Good, una madre de tres hijos, también en Minneapolis. Dos muertes, misma ciudad, misma lógica: agentes federales que disparan, se cubren con máscaras y luego levantan muros de silencio para bloquear investigaciones estatales. Todo bajo la bendición política de Donald Trump y su cruzada migratoria convertida en espectáculo de fuerza.
Pero mientras ICE apretaba el gatillo, el país empezaba a despertar.
Ese mismo clima de brutalidad institucional produjo imágenes que indignaron incluso a quienes ya estaban anestesiados. Liam Conejo Ramos, de cinco años, fue detenido junto a su padre en un suburbio de Minneapolis y trasladado a un centro de detención de ICE en Dilley, Texas. Un niño. Mochila de Spider-Man. Gorrito azul de conejito. Rodeado de agentes federales.
Tras días de presión pública y una orden judicial, Liam y su padre, Adrián Conejo Arias, fueron finalmente liberados y regresaron a Minnesota. El juez federal Fred Biery fue brutalmente claro al escribir que el caso nació de una política “mal concebida e incompetentemente implementada”, impulsada por cuotas diarias de deportación, “aunque eso implique traumatizar niños”.
Fuente: HuffPost
https://www.huffpost.com/entry/liam-conejo-ramos-and-father-return-to-minnesota_n_697f801ce4b03611978cbfad
ICE intentó justificar lo injustificable. Que no lo detuvieron. Que fue la madre. Que fue el padre. Que fue cualquiera menos el sistema. Nadie compró el cuento.
Y entonces, cuando la política ya había fallado por completo, la cultura dijo lo que el poder se niega a escuchar.
En los Grammy 2026, Bad Bunny hizo historia al ganar Álbum del Año con Debí Tirar Más Fotos, el primer disco en español en lograrlo. Pero el premio fue casi lo de menos. Frente a millones, usó el micrófono para decir lo que ICE, DHS y la Casa Blanca evitan.
“Antes de darle gracias a Dios, voy a decir: ICE out. No somos salvajes. No somos animales. No somos aliens. Somos humanos y somos americanos.”
No fue un momento aislado. Billie Eilish también denunció a ICE desde el escenario. La migración atravesó toda la noche. La diferencia es que Bad Bunny habló desde la experiencia, desde la diáspora, desde Puerto Rico y desde quienes tuvieron que irse para poder vivir. Amor contra odio. Dignidad contra botas.
Fuente: AP News
https://apnews.com/article/2026-grammy-awards-4d631de5d968b51276a8f06b76580e20
ICE quiso imponer miedo este fin de semana. En cambio, conectó historias que ya no se pueden separar: agentes que matan y se esconden, niños usados como daño colateral, comunidades que se levantan y artistas que dicen lo que el Estado calla.
Mientras ICE aprieta el gatillo, América despierta.
Y cuando un país despierta, la impunidad empieza a temblar.
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