Mientras Donald Trump vuelve a gobernar a golpe de redadas, amenazas internacionales y crisis fabricadas, su nombre reaparece en un lugar del que jamás ha logrado despegarse del todo: los archivos de Jeffrey Epstein. No como una nota al pie. No como una mención aislada. Más de 5,300 veces en documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Para alguien que insiste, hasta el cansancio, en que Epstein fue solo un “conocido casual”, el dato no es menor. Es explosivo.
Todo esto ocurre mientras la administración Trump despliega a ICE con una agresividad inédita, congela al gobierno, apunta contra Venezuela y convierte la política migratoria en un espectáculo de miedo. La pregunta es inevitable: ¿distracción o coincidencia? Porque la historia reciente demuestra que cada vez que Trump está acorralado, sube el volumen del caos.
Lo que dice el Departamento de Justicia
El domingo, Todd Blanche, vicefiscal general, afirmó que el Departamento de Justicia no encontró información creíble que justificara una investigación adicional sobre alegaciones de conducta sexual inapropiada de Trump en relación con Epstein. Lo dijo en State of the Union de CNN, apenas 48 horas después de que el propio gobierno liberara cerca de tres millones de páginas de documentos vinculados al caso Epstein, quien murió en una celda en 2019.
Pero el contexto importa. Durante la campaña de 2024, aliados de Trump prometieron transparencia total y la liberación completa de los archivos Epstein. Una vez en el poder, la promesa se diluyó. El retroceso solo alimentó la sospecha de que esos documentos podrían contener información políticamente devastadora para Trump o su círculo cercano.
Alegaciones que estremecen
Entre los documentos recientemente divulgados aparece una acusación particularmente perturbadora: Trump es acusado de haber medido los genitales de un menor con los dedos durante un supuesto evento en su residencia de Mar-a-Lago. La alegación figura en un correo electrónico que resume denuncias enviadas al FBI relacionadas con Epstein.
Es crucial decirlo con claridad: se trata de alegaciones, no de una condena judicial. Pero existen, están documentadas y forman parte del expediente.
Fuente:
https://www.mirror.co.uk/news/us-news/breaking-donald-trump-accused-measuring-36645957
Epstein, Bannon y los mensajes que apestan
Quizá lo más revelador no sea una acusación directa, sino los mensajes privados entre Jeffrey Epstein y Steve Bannon, exestratega y confidente político de Trump. En ellos, Epstein habla con una familiaridad inquietante sobre escenas privadas del entonces presidente y hace referencias sexuales explícitas a una asesora de la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump.
En uno de esos intercambios, Epstein describe haber visto a Trump “en calzoncillos” dentro de una residencia y promete dar más detalles en persona. El tono no es de chisme lejano, sino de alguien que habla desde la cercanía, desde el acceso.
Estos mensajes no prueban por sí mismos un delito, pero sí implican que Trump frecuentaba espacios íntimos vinculados a Epstein y mantenía relaciones sexuales con mujeres allí durante su primera presidencia. Para un presidente en funciones, la mera insinuación debería haber provocado una investigación profunda. No ocurrió.
La explicación de Pablo Padula
El periodista Pablo Padula lo explicó sin rodeos en un análisis que se volvió viral:
“Entre los millones de documentos que fueron publicados por el Departamento de Justicia aparece algo muy interesante de lo que casi nadie está hablando: que Donald Trump tenía una amante durante su primera presidencia.
Cuando Trump fue presidente por primera vez, tenía 70 años. Esta chica tenía 27.
Existe una conversación entre Jeffrey Epstein y Steve Bannon donde prácticamente lo dicen. Epstein le pregunta a Bannon por la ‘nueva amiga de Donald’, Madeline Westerhout. Bannon responde. Epstein remata llamándola ‘rodilleras, haciendo la obra de Dios’, y luego dice que verlo a Trump en la residencia en calzoncillos es difícil de entender.
Hay una anécdota conocida: esta mujer entra a la residencia presidencial y Trump la estaba esperando en calzoncillos. Después ella es despedida oficialmente por filtrar información, pero se sospecha que el despido ocurrió cuando dejó de aceptar avances de esa naturaleza.
No es una prueba judicial, pero muestra un patrón: a Trump siempre le gustaron mujeres muchísimo más jóvenes. Estamos hablando de una diferencia de 42 años”.
Fuente:
https://www.tiktok.com/@pablo.padula/video/7602430462598024503
La gran distracción
Nada de esto equivale, por sí solo, a una condena penal. Pero sí exige una investigación real, independiente y sin interferencias políticas. Cuando un presidente aparece miles de veces en los archivos de un depredador sexual, cuando existen alegaciones graves y mensajes explícitos, y cuando la respuesta del poder es más redadas, más miedo y más ruido, el patrón es difícil de ignorar.
Trump no responde. Distrae.
No aclara. Ataca.
No rinde cuentas. Señala enemigos.
Y mientras ICE golpea puertas y el país mira hacia otro lado, el secreto sucio sigue ahí, enterrado en millones de páginas que el poder preferiría que nadie leyera con atención.
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