LA FISCAL DE TRUMP SE DESATA COMO PERRO DE ATAQUE: Bondi gruñe, muerde y espía mientras Trump sonríe desde la sala

Publicado el 12 de febrero de 2026, 5:05

Lo que debía ser una audiencia de supervisión constitucional sobre la liberación de los archivos de Jeffrey Epstein —el traficante sexual cuyo caso sigue apestando a poder, privilegio y encubrimiento— terminó convertido en un espectáculo bronco donde la fiscal general, Pam Bondi, no defendía la ley, sino que defendía a Donald Trump con la disciplina de un perro de ataque entrenado para una sola orden: proteger al amo. (AP News)

Desde el primer cruce con Jerry Nadler, quedó claro que no había intención de rendir cuentas. Cuando el congresista preguntó cuántos co-conspiradores de Epstein han sido procesados, Bondi respondió con desdén, acusándolo de “theatrics” y lanzando insultos personales. Jamie Raskin intervino para exigir respuestas y recibió de vuelta el calificativo de “washed-up lawyer”. No hubo cifras. No hubo claridad. Hubo colmillos. (WUNC)

Raskin no se quedó corto y la acusó de estar “dirigiendo una enorme tapadera” y de haber convertido el Departamento de Justicia en “el instrumento de venganza de Trump”. Su frase —“Trump orders up prosecutions like pizza, and you deliver every time”— resonó porque describe con precisión quirúrgica el patrón: el presidente señala, la fiscal ejecuta. (Bloomberg Government)

Pero lo más inquietante no fue el tono, sino la fotografía. En el famoso “binder” de Bondi apareció una página titulada “Jayapal-Pramila search history”, lo que sugiere que el Departamento de Justicia monitoreó qué documentos consultaba la congresista Pramila Jayapal al revisar los archivos sin redacción. No es un detalle menor. Es la sombra del espionaje legislativo. Raskin lo calificó de “Orwellian”. Y cuesta discutirlo cuando el Ejecutivo parece rastrear las búsquedas del Legislativo como si fueran sospechosos y no representantes electos. (AP News)

Mientras las víctimas de Epstein permanecían detrás de ella, Bondi evitó disculparse directamente y prefirió atacar, desviar y elogiar a Trump. (TIME) El mensaje fue brutalmente claro: la prioridad no es la transparencia ni la reparación; es el blindaje político.

Lo que vimos no fue firmeza institucional. Fue obediencia. No fue liderazgo jurídico. Fue lealtad personal. Cuando la fiscal general actúa como vocera de campaña y no como guardiana de la ley, el Departamento de Justicia deja de ser un contrapeso y se convierte en un instrumento.

Y desde la sala, el presidente observa, satisfecho. El perro ladra. El sistema cruje.


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