Idaho le dio una patada al extremismo. El resto del país… pues qué vergüenza.

Publicado el 20 de mayo de 2026, 6:34

Ayer, Estados Unidos tuvo otra de esas noches electorales donde la democracia entra caminando al casino y sale con la cartera vacía. En Kentucky, el mensaje fue brutal: si Donald Trump y los grandes donadores se enojan contigo, te pueden comprar la silla, la mesa y hasta el edificio completo. La primaria contra Thomas Massie se convirtió en la contienda de la Cámara de Representantes más cara en la historia de Estados Unidos, con alrededor de 33 millones de dólares gastados en total para borrar del mapa político a un republicano que se atrevió a desafiar a Trump en temas como los archivos de Jeffrey Epstein, la guerra contra Irán y el gasto federal. Porque claro, nada dice “voluntad popular” como convertir una elección en una subasta con banderitas.

Massie, republicano de Kentucky, perdió su primaria contra Ed Gallrein, un ex Navy SEAL respaldado por Trump. La derrota no fue solamente política. Fue un mensaje mafioso, envuelto en propaganda electoral: quien se salga del corral MAGA paga las consecuencias. Trump lo atacó públicamente, lo llamó “obstruccionista” y luego celebró su caída como si hubiera ganado una guerra. Qué elegante. Qué republicano. Qué absolutamente normal para una democracia que ya aprendió a venderse por partes.

https://apnews.com/article/massie-gallrein-trump-kentucky-republican-primary-03a658b1a45593ad04ebf6283a3fdb47

The Intercept reportó que el súper PAC de AIPAC y otros grupos pro-Israel metieron más de 15.8 millones de dólares para apoyar a Gallrein o atacar a Massie. Politico ya venía documentando cómo AIPAC y aliados pro-Israel habían convertido esa elección en una prueba de poder dentro del Partido Republicano. Massie no era ningún santo progresista, tampoco hay que inventarle alas de ángel al puercoespín, pero su pecado fue atreverse a votar por principios en ciertos temas donde Trump exige obediencia de rodillas. Al final, Massie no perdió solamente contra Gallrein. Perdió contra una chequera gigante, contra el berrinche de Trump y contra una maquinaria política que entendió perfectamente que, en Estados Unidos, comprar una elección ya no suena a escándalo: suena a estrategia.

https://theintercept.com/2026/05/19/thomas-massie-loses-election-results-trump-aipac-kentucky/
https://www.politico.com/news/2026/05/17/massie-aipac-record-spending-israel-maga-trump-primary-00925375

El propio congresista demócrata Ro Khanna lo dijo con claridad después de la derrota de Massie: perdió porque tuvo el valor de enfrentarse a la clase Epstein y oponerse a la guerra. Según Khanna, Massie ganó entre votantes menores de 45 años por 30 puntos, una señal de que hay una grieta real dentro del trumpismo joven, aunque la maquinaria del dinero todavía tenga el megáfono más grande. En resumen: los jóvenes escucharon una cosa; los súper PACs compraron otra.

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En Georgia, la maquinaria tampoco dejó muchas razones para celebrar. Las primarias republicanas para gobernador y Senado se fueron a segunda vuelta, con el trumpista Burt Jones avanzando contra el multimillonario Rick Jackson, quien metió casi 50 millones de dólares de su propio bolsillo. Brad Raffensperger, viejo enemigo de Trump por no prestarse al circo electoral de 2020, quedó fuera. Otra vez: dinero, lealtad ciega y televisión saturada. Qué sistema tan fino, casi artesanal, como una piñata rellena de billetes y mala fe.

https://www.theguardian.com/us-news/2026/may/19/georgia-governor-senate-primary-election

Pero en Idaho, por una vez, la noche no olió completamente a gasolina y cerillos. Aquí hubo una corrección política importante. Varios de los extremistas más gritones, incluyendo casi todos los miembros del llamado “Gang of 8,” llegaron debilitados o fueron derrotados por voces más moderadas. La propia cobertura estatal reportó que Glenneda Zuiderveld iba abajo frente a Brent Reinke, Lucas Cayler iba perdiendo contra Debbie Geyer, David Leavitt contra Cherie Vollmer, Faye Thompson contra Brian Beckley, y Christy Zito estaba rezagada en una contienda dividida.

Zuiderveld, una de las figuras más desagradables del ala antiinmigrante, recibió un golpe político merecido de Brent Reinke. No fue solo una derrota; fue un recordatorio de que hasta en Idaho hay límites para la política de odio envuelta en Biblia, bandera y presupuesto recortado. Y si la comunidad latina salió más fuerte, más organizada y más consciente, esa participación importa. No todo se gana con discursos bonitos. A veces se gana apareciendo en la boleta y diciéndole “hasta aquí” al extremismo.

También hubo señales positivas con nombres como Jim Guthrie, Stephanie Mickelsen y Mike Veile, que resistieron desafíos desde la derecha dura. En Canyon County, Chris Trakel, famoso por sus espectáculos políticos contra inmigrantes, tarjetas de privilegio para manejar y la comunidad LGBTQ+, fracasó en su intento de tumbar a Camille Blaylock. Se puede decir con elegancia: perdió. Se puede decir con barrio: se lo ganó a pulso.

Y luego está Mark Fitzpatrick, el dueño del bar que el año pasado ofreció cerveza gratis a quienes reportaran “ilegales” a ICE, porque aparentemente el racismo también venía con espuma. Fitzpatrick quiso venderse como el martillo MAGA contra Brad Little, pero terminó bastante golpeado. Little ganó la primaria republicana para gobernador.

https://www.newsfromthestates.com/article/idaho-gov-brad-little-leads-republican-gubernatorial-primary-election%C2%A0

Entonces sí: Idaho tuvo una buena noche. No perfecta. No milagrosa. No de película inspiradora con violines baratos. Pero buena. El extremismo recibió golpes importantes. La política antiinmigrante perdió terreno. Y varios candidatos que querían convertir el gobierno en una reunión de quejas de Facebook descubrieron que el votante, cuando se organiza, todavía puede cerrarles la puerta en la cara.

En Kentucky y Georgia, el dinero gritó más fuerte. En Idaho, por lo menos anoche, la gente contestó.

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