Los halcones republicanos, encabezados por Ted Cruz, andan en pleno berrinche imperial. Después de gastar miles de millones de dólares en bombas, de sacudir el mercado petrolero, de tensar todavía más las alianzas de Estados Unidos y de meter al mundo en otra crisis fabricada por Washington, Donald Trump parece haber descubierto algo revolucionario: las guerras también salen mal en las encuestas. Vaya hallazgo. La humanidad tiembla ante tanta profundidad estratégica.
Ahora, según reportes, Estados Unidos e Irán estarían acercándose a un acuerdo para poner fin a la guerra y reabrir gradualmente el Estrecho de Ormuz. Trump asegura que las negociaciones “van muy bien”, aunque también amenaza con regresar al campo de batalla si no hay acuerdo. Porque aparentemente la diplomacia, bajo Trump, sigue funcionando como un comercial de autos usados con misiles de fondo.
La propuesta en discusión incluiría el fin de la guerra en varios frentes, incluyendo el conflicto entre Israel y Hezbolá; una reapertura gradual del Estrecho de Ormuz; el levantamiento progresivo del bloqueo estadounidense contra puertos iraníes; posibles exenciones de sanciones para que Irán venda petróleo; y un periodo de 60 días para negociar alivio de sanciones y la liberación de fondos iraníes congelados. También se plantea que Irán entregue su reserva de uranio altamente enriquecido, aunque los detalles todavía estarían pendientes.
Pero lo más revelador no está en lo que contiene el acuerdo, sino en lo que falta. No aparece un cambio de régimen en Teherán. No aparece una rendición iraní. No aparece el desmantelamiento completo del programa de misiles. Tampoco aparece una retirada de fuerzas estadounidenses de la región ni reparaciones por los daños causados por la guerra. Es decir: después de tanta bravata, tanta amenaza y tanto teatro de macho alfa con Wi-Fi, Trump parece estar buscando una salida que le permita vender como victoria lo que huele, camina y grazna como derrota.
Y ahí entra el análisis del comentarista Rubén Navarrete, quien lo dijo sin vueltas: Trump perdió la guerra de Irán.
LA RESPUESTA de Rubén Navarrete
Rubén Navarrete escribió:
“Epifanía:
El presidente Donald Trump perdió la guerra de Irán.
Noten que no dije que el ejército de Estados Unidos perdió la guerra. Nuestros hombres y mujeres en uniforme actuaron de manera brillante, como siempre.
Fue Trump, sus asesores políticos y los políticos en casa quienes perdieron la guerra. Como siempre ha sido.
Trump perdió la guerra porque, al carecer de la experiencia de ser un presidente en tiempos de guerra y de las habilidades que vienen con eso, cometió 10 errores críticos:
amenazó repetidamente a Irán, diciendo cosas como que los iba a bombardear hasta devolverlos a la Edad de Piedra, y luego no cumplió;
le avisó al enemigo que planeaba salir del teatro de operaciones en tres semanas, 60 días, etcétera, así que los iraníes sólo tenían que esperar a que se cansara;
en sus ataques de medianoche en Truth Social, recurrió a groserías para verse fuerte, pero terminó viéndose desesperado;
convirtió el conflicto en una guerra religiosa, burlándose del Islam y presentando la guerra como una causa del nacionalismo cristiano;
se peleó con el Papa, lo cual se convirtió en una distracción y le dio otro adversario con quien lidiar;
perdió la calma, se puso emocional y terminó proyectándose ante el enemigo como débil y fuera de control;
se enfocó en el Estrecho de Ormuz, lo cual le dio a Irán más ventaja al dejar claro que los precios del petróleo eran una prioridad principal;
trató una guerra contra uno de los mayores patrocinadores del terrorismo en el mundo como si fuera un trato de negocios;
presumió el rescate exitoso de un piloto derribado y, con eso, reveló una estrategia que el ejército ya no puede volver a usar;
y le faltó la sabiduría y el autocontrol necesarios para hacer lo único que debió haber hecho durante todo el conflicto: soltar el teléfono.”
—Rubén Navarrete, publicación en Facebook (https://www.facebook.com/ruben.navarrette.1/posts/pfbid0id6hC9EDprFba2Pn5aTJ5woFZ1BoWSPSRvAMcVwrCfuVAVVh9nMUgVMQz55S3Vukl)
Y ahí está la clave. No se trata de culpar a los soldados. Se trata de señalar al político que convirtió la guerra en espectáculo, la diplomacia en amenaza y la estrategia militar en publicación de madrugada. Trump no perdió porque Irán fuera invencible. Perdió porque confundió gobernar con actuar frente a una cámara, y confundió poder con berrinche.
Ahora quiere vender un acuerdo como si fuera una obra maestra. Pero si el resultado final es que Irán sobrevive, el régimen no cae, el Estrecho de Ormuz se reabre mediante negociación, las sanciones se discuten y Washington busca una salida, entonces no estamos viendo una victoria imperial. Estamos viendo el momento incómodo en que el imperio intenta maquillarse el ojo morado antes de salir en televisión.
#ElChupacast
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