No Me Fui del Aire: Me Secuestró la Constitución

Publicado el 3 de junio de 2026, 6:44

Aquí estoy, ya pasando la mediana edad y empezando a mirar de reojo eso que con mucho respeto llaman “la tercera edad”… y con menos respeto, “ya siéntese, señor”.

Y resulta que, después de toda una vida siendo ciudadano estadounidense, jamás me habían llamado para servir en un jurado. Hasta hoy.

Lo curioso, porque la vida siempre tiene sentido del humor de burócrata, es que mi esposa, quien se hizo ciudadana hace 10 años, ya ha recibido tres notificaciones. Yo, que llevo décadas aquí, apenas debutando. Bienvenido al sistema, Benjamín. Qué puntualidad tan conmovedora.

Y por eso, francamente, hoy no estaré al aire en vivo con mi programa.

La Sexta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos dice:

“In all criminal prosecutions, the accused shall enjoy the right to a speedy and public trial, by an impartial jury of the State and district wherein the crime shall have been committed.”

En español claro: toda persona acusada de un delito tiene derecho a un juicio rápido y público, con un jurado imparcial del estado y distrito donde supuestamente ocurrió el crimen.

Así que allá voy. A sentarme en una sala de corte para posiblemente decidir el destino de algún presunto “malandrín”, porque aparentemente la justicia también necesita que uno deje el micrófono por unas horas.

En Idaho, cada condado usa registros públicos, principalmente el registro de votantes y las licencias de conducir o identificaciones estatales, para formar la lista de personas elegibles. Las páginas de las cortes del condado también explican que se genera una lista aleatoria usando esos registros.

O sea: votas, manejas, existes… y ¡pum!, entras a la tómbola cívica.

Ya en la corte, el juez y los abogados cuestionan a los posibles jurados para determinar si pueden ser justos e imparciales. Los abogados pueden pedir que se quite a alguien “con causa”, por ejemplo, si hay un prejuicio evidente. También tienen un número limitado de recusaciones perentorias, donde pueden eliminar a una persona sin explicar mucho, siempre y cuando no sea por motivos discriminatorios.

Y ahí me entra la duda más lógica del día: ¿de verdad me quieren a mí?

Yo soy ruidoso, necio, opinador, político, bocón profesional y, para acabarla de amolar, tengo micrófono. No sé si eso me descalifica o me convierte en el ciudadano promedio con Wi-Fi.

Según los datos de las cortes de Idaho, los jurados para delitos graves tienen 12 personas, mientras que los jurados para delitos menores tienen 6. La Constitución de Idaho también dice que los jurados civiles pueden tener 12 personas o menos si las partes están de acuerdo, y que los jurados de delitos menores o casos civiles en cortes inferiores no pasan de 6.

Así que, si el caso avanza, podría estar fuera del aire unos días… o unas semanas.

Y no, no tengo exactamente la opción de decir: “No gracias, hoy no se me antoja la democracia.” Si no me presento, podrían emitir una orden de arresto, y mi feo trasero podría terminar en la cárcel. Qué bonito país: uno intenta cumplir con su deber cívico para no acabar siendo ejemplo en la clase de gobierno.

Así que ahí lo tienen.

Usted vota. Usted maneja. Usted aparece en los registros. Y un día, sin pedir permiso, el sistema le manda una cartita para recordarle que la ciudadanía no es nomás quejarse en Facebook y pagar taxes.

Si no me escuchan en vivo por unos días, esa es la razón.

No me fui. No me corrieron. No me deportaron al rancho de los opinólogos.

Me tocó jurado.

#ElChupacast

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