La mayoría conservadora de la Corte Suprema volvió a entregarle a Donald Trump una herramienta para su campaña de expulsiones. En una decisión de 6 contra 3, permitió que su gobierno retire el Estatus de Protección Temporal a unos 350,000 haitianos y más de 6,000 sirios, dejándolos expuestos a la deportación. Después, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, lanzó el ultimátum: busquen una residencia permanente o váyanse; el gobierno hasta ofrece boleto de avión y unos 2,100 dólares para “reestablecerse”.
Qué conveniente. El mismo Departamento de Estado mantiene a Haití en nivel 4: “No viajar”, debido a secuestros, terrorismo, delincuencia, disturbios y servicios médicos limitados. Para los estadounidenses, Haití es demasiado peligroso; para deportar haitianos, de pronto resulta suficientemente seguro.
El fallo también envalentonó a los xenófobos. Trump ya había llamado a Haití una “nación de mierda” y durante la campaña de 2024 difundió la mentira de que los haitianos de Springfield, Ohio, se comían los perros y gatos de sus vecinos. Un día después del fallo, Megyn Kelly se arrancó con esta joya racista:
“Esto ha estado ocurriendo durante más de doce años. ¡Váyanse a casa! Salgan. Sabemos que nuestro país es mejor que el suyo. Eso es porque lo llenamos con nuestra ética de trabajo, nuestra cultura y nuestros valores. Su presencia aquí solo lo diluye para nosotros, quienes lo construimos y vivimos. Y la mitad de ustedes, más de la mitad, no se asimilará. ¡No los queremos! No nos importa si se ofenden. ¡Lárguense! ¡Váyanse a casa! ¡Regresen al pinche Haití!”
Yo rechazo esa basura. Una de las amigas más queridas de mi madre es haitiana. Llegó a Estados Unidos después de ser amenazada por pandillas. Es enfermera registrada, compasiva y una persona maravillosa. No es una estadística ni una caricatura racista: es el tipo de vecina que cualquier comunidad tendría suerte de recibir.
También recuerdo lo que escribí tras visitar Tijuana el 5 de agosto de 2021:
“No todos los grupos de inmigrantes en Tijuana han sido relegados a una existencia desoladora. La mayor sorpresa de mi recorrido por el centro de Tijuana fue encontrarme con la próspera y resiliente comunidad haitiana. Muchos haitianos llegaron a México después del terremoto de 2010 con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Cuando se les negó el acceso, miles decidieron quedarse y perseguir el ‘Sueño Mexicano’. Para mi grata sorpresa, están prosperando. Más de 10,000 viven en ‘Little Haiti’. Me encontré con bastantes integrantes de la comunidad haitiana en el centro. Eran muy amables, limpios y aculturados, y la mayoría hablaba español bastante bien. Hay barberías haitianas y restaurantes que ofrecen una muestra de su cultura. Debo decir que quedé muy impresionado con la comunidad haitiana y su fortaleza en Tijuana; no era algo que hubiera imaginado”.
Mientras Estados Unidos se prepara para celebrar 250 años, conviene recordar quién construyó realmente el país: gente llegada de todas partes. No somos una cultura pura que los inmigrantes “diluyen”. Somos una ensalada de pueblos, idiomas, comidas, religiones y experiencias. Esa diversidad no debilita a Estados Unidos; lo hace extraordinario.
Hasta el gobernador republicano de Ohio, Mike DeWine, reconoce que expulsar a trabajadores haitianos dañaría la economía y agravaría la escasez en el cuidado de ancianos. Muchos atienden a nuestras madres, padres y abuelos.
Así que no: quienes deben “irse” no son los haitianos. Las Megyn, los Donald y los demás racistas pueden irse a freír espárragos. Yo prefiero mil veces a una familia haitiana como vecina que a un multimillonario intolerante como Donald Trump.
Fuentes:
Reuters: Mullin pide residencia permanente o salida del país
Reuters: fallo de la Corte Suprema sobre TPS
Departamento de Estado: alerta de viaje para Haití
HuffPost: declaraciones de Megyn Kelly
AP: Trump reconoce su insulto contra Haití
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