Durante casi 2 años, el Gobierno de Estados Unidos sostuvo una versión cuidadosamente construida sobre la captura de Ismael “El Mayo” Zambada: Washington no había participado, la aeronave no pertenecía a ninguna agencia estadounidense y el traslado desde territorio mexicano hasta El Paso había sido resultado exclusivo de un acuerdo entre integrantes del Cártel de Sinaloa. Ken Salazar, entonces embajador de Estados Unidos en México, fue categórico el 9 de agosto de 2024: “No fue nuestro avión, ni nuestro piloto, ni nuestra gente”. Ahora esa versión se desmorona ante la evidencia de que el FBI entregó a un museo la aeronave utilizada en la operación y la presentó como parte de sus propios logros.
No estamos ante una diferencia menor, sino ante una contradicción directa entre lo que afirmó públicamente el máximo representante de Estados Unidos en México y lo que ahora parece reconocer la propia agencia involucrada. Por eso la presidenta Claudia Sheinbaum formuló la pregunta que Washington todavía no quiere contestar: “La primera pregunta es: ¿quién miente?, ¿quién mintió?, ¿mintió el embajador Ken Salazar?”. Si la aeronave estaba vinculada al FBI, entonces Salazar mintió, la administración de Joe Biden mintió o ambos participaron en un esfuerzo deliberado para ocultar a México la verdadera naturaleza de la operación.
Que nadie confunda esta denuncia con una defensa de Zambada. México no tiene obligación alguna de proteger a narcotraficantes ni a organizaciones responsables de décadas de violencia. El problema no es que “El Mayo” haya terminado detenido, sino que una agencia extranjera aparentemente haya operado en territorio mexicano, coordinado un traslado clandestino y después negado públicamente su participación. La soberanía nacional no desaparece porque el objetivo sea un criminal, y las leyes internacionales no se suspenden porque Washington quiera fabricar una victoria política.
También debe quedar claro que esta vez no fue Donald Trump. La captura ocurrió el 25 de julio de 2024, durante la presidencia de Joe Biden, bajo una administración demócrata y con un embajador demócrata. Es importante decirlo porque la injerencia estadounidense no pertenece a un solo partido. Trump amenaza, insulta y habla abiertamente de utilizar la fuerza contra México; los demócratas suelen envolver las mismas pretensiones de dominio en discursos sobre cooperación y respeto mutuo. Cambia el tono, pero permanece la lógica que permite a Washington actuar primero, informar después y exigir agradecimiento al final.
Estados Unidos obtuvo la captura, el titular y la imagen de eficacia, mientras México se quedó con la violencia, las consecuencias políticas y las preguntas sin respuesta. Washington debe explicar quién proporcionó la aeronave, quién la pilotó, qué agentes participaron, qué acuerdos existían con Joaquín Guzmán López y qué funcionarios de la administración Biden conocían el plan.
Sheinbaum también señaló otra contradicción de fondo al afirmar: “Nosotros nunca vamos a hacer acuerdos con ningún miembro ni con ninguna organización de la delincuencia organizada”. Si Washington negoció con integrantes del Cártel de Sinaloa para producir esta entrega, debe explicar qué pactó y a cambio de qué, especialmente cuando Estados Unidos ha utilizado durante años la acusación de supuestos narcopactos para desacreditar al Gobierno mexicano.
Ken Salazar tiene una responsabilidad personal porque no era un comentarista repitiendo rumores, sino el representante oficial de Estados Unidos. Si sabía que el FBI había participado, mintió deliberadamente; si no lo sabía, fue utilizado por su propio gobierno para difundir una versión falsa. Ninguna de las 2 posibilidades es aceptable, porque ambas revelan el desprecio con el que Washington administra su relación con México cuando sus intereses están en juego.
México necesita una explicación completa y consecuencias diplomáticas si se confirma que agentes estadounidenses participaron sin autorización. No basta con invocar la lucha contra el narcotráfico para justificar una posible violación a la Constitución, la Ley de Seguridad Nacional y los tratados internacionales. Aceptar esa lógica equivaldría a conceder que cualquier potencia extranjera puede ignorar nuestras leyes siempre que asegure estar persiguiendo a alguien culpable.
Ken Salazar dijo que no era su avión, su piloto ni su gente. El FBI ahora parece decir algo muy distinto. Alguien mintió, y México merece saber quién fue, quién dio la orden y por qué nuestro país volvió a ser utilizado para hacer lucir bien a Washington.
México no es una pista clandestina, no es una colonia y no es el patio trasero de Estados Unidos. Es una nación soberana, incluso cuando en la Casa Blanca gobiernan los demócratas.
Les habla El Chupacabras.
#ElChupacast
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