En el Chupacast de hoy tenemos tres historias frías como ICE, porque los buitres gélidos del trumpismo siguen demostrando que siempre pueden caer un poquito más bajo. Cuando pensamos que ya tocaron fondo, sacan una pala, perforan el piso y siguen excavando.
El agente que disparó y presuntamente mintió
Comenzamos con Christian Castro, agente de ICE acusado de dispararle en enero a Julio César Sosa-Celis, un inmigrante venezolano, a través de la puerta de una vivienda en Minneapolis. Según las autoridades de Minnesota, el balazo impactó al hombre en el muslo.
La versión inicial de los agentes parecía escrita por el departamento de propaganda: aseguraron que Sosa-Celis y otro hombre habían atacado a un oficial con un palo de escoba y una pala para nieve.
El problema fue ese pequeño enemigo de toda mentira oficial: el video.
Las grabaciones aparentemente contradijeron el relato, los fiscales federales retiraron los cargos contra los inmigrantes y se abrió una investigación. Ahora Castro enfrenta cargos federales por presuntamente hacer declaraciones falsas y cargos estatales por agresión y presentar un reporte falso.
Pero la novela todavía necesitaba un gobernador republicano. Greg Abbott se negó a firmar inmediatamente la extradición de Castro desde Texas hacia Minnesota. Las autoridades estatales temían que pudiera huir a México después de que, según una demanda, hablara desde la cárcel sobre casarse y comprar una casa allá.
Curioso: algunos quieren una frontera impenetrable para los inmigrantes, pero una salida de emergencia muy conveniente para ciertos agentes.
Contrataciones rápidas, revisiones incompletas
Una denuncia presentada por un informante asegura que ICE aceleró tanto sus contrataciones que ofreció empleos antes de completar verificaciones elementales como huellas digitales, identidad, historial crediticio y antecedentes.
ICE anunció la contratación de 12,000 nuevos agentes en menos de un año, impulsada por miles de millones de dólares y bonos de hasta 50,000 dólares.
¡Qué ofertón! Si tienes problemas laborales, cuestionamientos éticos o dificultades para distinguir entre mantener el orden y jugar al comando fronterizo, quizá todavía haya una insignia esperándote.
El informante, un exjefe de unidad con años dentro de la agencia, advirtió sobre fallas sistémicas capaces de facilitar infiltraciones, amenazas internas e influencia extranjera.
Otro exinstructor denunció recortes en capacitación sobre armas de fuego, uso de fuerza y derechos de los manifestantes. ICE asegura que aplica debidamente las normas de evaluación. Porque nada inspira más confianza que una dependencia investigándose mientras explica que todo está perfectamente bajo control.
La deportación convertida en juego
Finalmente llegamos al nuevo nivel del circo: la Casa Blanca convirtió las deportaciones en videojuegos.
En su portal oficial aparecen juegos donde se construye el muro al estilo Tetris y se “arresta” a migrantes que intentan cruzar el Río Grande. Cuando atrapas a uno, se integra a una fila vestido con uniforme naranja.
El mensaje promocional presume: “Construye el muro. Deporta”.
Esto ya no es política migratoria; es propaganda infantilizada para enseñar que el sufrimiento humano puede convertirse en entretenimiento. Familias separadas, solicitantes de asilo y personas desesperadas quedan reducidas a personajes que deben capturarse para sumar puntos.
El gobierno de Trump presume que representa una “cultura de diversión y triunfo”. Claro: diversión para quienes jamás tendrán que mirar a los ojos a una madre deportada. Triunfo para quienes confunden crueldad con patriotismo.
¿Y qué sigue? ¿Un Pac-Man anaranjado que se come la Constitución mientras sus lacayos persiguen familias por el laberinto?
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