La humanidad está frente a una encrucijada. Mientras la persona común usa ChatGPT para imaginarse con melena de rockero en 1985, corregir un currículum o encontrar la función más cercana de una película, gobiernos, ejércitos y corporaciones ya utilizan inteligencia artificial para tomar decisiones estratégicas. Redes eléctricas, hospitales, bancos, sistemas de defensa y mercados enteros dependen cada vez más de algoritmos que avanzan mucho más rápido que las leyes diseñadas para vigilarlos.
Y aquí aparece Jacob Coxon, exinvestigador de OpenAI y Anthropic, diciendo algo que debería quitarnos el sueño: construir una superinteligencia es como “invocar a una especie alienígena”. No habla de marcianitos verdes bajando de un platillo volador. Habla de crear una mente superior a la nuestra, incomprensible para nosotros y capaz de actuar a una velocidad que ningún gobierno, ejército o científico podría alcanzar.
Coxon renunció porque, según él, las compañías están corriendo hacia sistemas que podrían mejorarse solos sin contar con un método confiable para mantenerlos bajo control. Geoffrey Hinton, uno de los pioneros de esta tecnología, dijo que estimar en 10% la posibilidad de que una inteligencia fuera de control acabe con la humanidad no le parece descabellado. Tal vez 10% suene pequeño. Pero nadie abordaría un avión si le dijeran que tiene una posibilidad entre diez de estrellarse. Con la humanidad a bordo, los magnates tecnológicos quieren despegar de todos modos.
Bernie Sanders propone prohibir permanentemente la superinteligencia artificial y frenar temporalmente el desarrollo de sistemas avanzados hasta que exista un regulador federal con normas de seguridad. Barack Obama también pide que los demócratas coloquen el tema al centro del debate público: seguridad, empleos, bienestar infantil y límites al poder privado. No están pidiendo destruir la tecnología. Están pidiendo instalar frenos antes de acelerar hacia un barranco.
Del otro lado está Donald Trump, reduciendo otra amenaza compleja a una frase para gorra de campaña: “Quien gane la inteligencia artificial, gana”. Esa fanfarronería quizá funciona en un casino, pero no sirve como política tecnológica. Estados Unidos y China no están jugando una final de futbol. Si esta carrera termina produciendo sistemas imposibles de controlar, no habrá país ganador. Habrá una especie humana perdedora.
Además, el peligro no comienza con robots asesinos. Ya está en la factura de la luz, en el agua y en la nómina. El Departamento de Energía calcula que los centros de datos consumieron 4.4% de la electricidad estadounidense en 2023 y podrían llegar hasta 12% en 2028. La Organización Internacional del Trabajo estima que uno de cada cuatro empleos tiene algún grado de exposición a la inteligencia artificial generativa. Eso no significa que mañana desaparecerá uno de cada cuatro trabajadores, pero sí que millones de puestos pueden ser transformados mientras los beneficios se concentran en unas cuantas compañías.
También existe el uso malicioso. Anthropic ha documentado casos relacionados con operaciones cibernéticas, vigilancia, armas convencionales e investigación biológica peligrosa. La misma herramienta que ayuda a descubrir medicamentos puede ayudar a diseñar ataques. La diferencia no está en el algoritmo, sino en quién lo controla, qué límites tiene y quién responde cuando falla.
La inteligencia artificial es maravillosa. Puede acelerar diagnósticos, ampliar el acceso al conocimiento y liberar a los seres humanos de tareas tediosas. Precisamente por eso debemos protegerla de los vendedores de humo, los multimillonarios impacientes y los políticos que confunden liderazgo con pisar el acelerador.
No se trata de apagar la inteligencia artificial. Se trata de impedir que ella termine apagándonos a nosotros. El futuro no puede decidirse en una junta privada de Silicon Valley ni en el capricho de Trump. Debe decidirse públicamente, democráticamente y antes de que la botella se rompa.
FUENTES:
Jacob Coxon compara la superinteligencia con una especie alienígena — ABC News
Sanders y Casar proponen prohibir la superinteligencia artificial
Trump minimiza las advertencias sobre la inteligencia artificial — Reuters
Obama pide un plan público sobre inteligencia artificial — The Guardian
Consumo eléctrico de los centros de datos — Departamento de Energía
Impacto de la inteligencia artificial generativa sobre el empleo — OIT
Informe sobre el uso malicioso de inteligencia artificial — Anthropic
Añadir comentario
Comentarios