AYER LOS MANDARON A LA ESCUELA. ANOCHE NO PUDIERON DARLES LAS BUENAS NOCHES.

Publicado el 16 de octubre de 2026, 5:40

Imaginen por un momento la casa después de recibir esa noticia. Los zapatos que se quedaron junto a la puerta, un juguete tirado, la ropa que alguien pensaba lavar para el día siguiente. Todo sigue ahí, en su lugar, mientras una mamá y un papá intentan comprender cómo puede seguir existiendo el mundo si su hijo ya no va a regresar.

Ayer, en Bend, Oregon, tres niños de cinco, ocho y once años fueron a la primaria Silver Rail y no volvieron a casa. Un docente también perdió la vida. Un niño de siete años y otro docente quedaron gravemente heridos. El atacante tenía dieciséis años.

Detengámonos en esas edades, porque decirlas de corrido facilita que pasemos a la siguiente noticia. A los cinco años todavía estamos aprendiendo a estar lejos de nuestros papás. A los ocho, una tarde con amigos puede parecernos el mejor plan del universo. A los once, apenas comenzamos a imaginarnos quiénes queremos ser. Ninguna de esas edades debería aparecer en el recuento de una matanza.

Piensen en la confianza con la que mandamos a nuestros hijos a clases. Podemos preocuparnos por una tarea, por un examen, por si desayunaron suficiente. Los despedimos convencidos de que habrá una tarde para preguntarles cómo les fue. Esa certeza tan sencilla sostiene nuestra vida cotidiana: los vamos a volver a ver.

Anoche hubo familias obligadas a vivir sin esa certeza para siempre.

También hay una familia llorando a alguien que trabajaba enseñando. Una persona con su propia vida, sus afectos y sus planes, cuya ausencia alcanza mucho más allá del salón de clases. No necesitamos inventarle un último acto heroico para reconocer el valor de su vida ni la inmensidad de lo que perdió su familia.

Según el recuento citado por CBS News, este año ya van al menos 149 incidentes con armas de fuego en escuelas de kínder a preparatoria en Estados Unidos: aproximadamente uno cada dos días. La cifra incluye distintos tipos de incidentes; no todos son matanzas como esta. Pero ninguno debería parecernos parte aceptable del calendario escolar.

¿Cuándo vamos a admitir que nuestra fascinación con las armas nos está exigiendo un precio intolerable? ¿Cuántas familias más tienen que identificar el cuerpo de un hijo antes de que guardar un arma de manera segura, impedir el acceso de menores y exigir responsabilidad dejen de convertirse en discusiones interminables?

Podemos respetar profundamente el dolor de estas familias y, precisamente por eso, exigir decisiones públicas. Las condolencias deben venir acompañadas de prevención, recursos y responsabilidades.

Y tenemos que hablar de nuestros adolescentes. El responsable tenía dieciséis años: un menor que cometió una atrocidad. Reconocer su edad no disminuye su responsabilidad ni el sufrimiento que provocó; nos obliga a preguntarnos qué hacemos, como sociedad, para enseñar a nuestros jóvenes a enfrentar la frustración, resolver conflictos y pedir ayuda antes de recurrir a la violencia.

Hasta ahora no se ha informado el motivo del ataque. No podemos atribuirle un diagnóstico. Pero sí podemos exigir atención de salud mental accesible, apoyo para las familias y personal suficiente en las escuelas para escuchar y atender a quienes lo necesitan. La salud emocional de nuestros hijos merece una respuesta colectiva que exista todos los días, con presupuesto y continuidad.

Hoy pensemos en lo que significa acostarse sabiendo que mañana no habrá que despertar a tu hijo para ir a clases. En tener tanto amor todavía y ya no poder entregárselo en un abrazo. En descubrir que hasta el silencio de la casa puede doler.

Esas familias merecen mucho más que nuestra tristeza pasajera. Merecen un país dispuesto a cambiar para que otras no tengan que vivir lo mismo.

Nuestros hijos deben poder salir de casa con una mochila y regresar con historias que contarnos. Deben tener tiempo de crecer, equivocarse, enamorarse y hacerse viejos.

¡BASTA YA! Que nuestra indignación dure lo suficiente para convertirse en decisiones. Porque el derecho de un niño a volver a casa tiene que pesar más que nuestra devoción por un arma.

#ElChupacast

Fuente: CBS News

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