¡TRUMP INCENDIA EL MUNDO Y SE QUEMA SOLO: HASTA LOS SUYOS CUESTIONAN SU GUERRA!

Publicado el 22 de octubre de 2026, 5:27

Donald Trump prometió acabar con las “guerras interminables” y terminó atrapado en su propia maquinaria de amenazas. Donald Trump vendió prudencia con voz de bravucón: primero Estados Unidos, menos aventuras militares, basta de gastar vidas y dinero en pleitos ajenos. Ahora, con Irán, aquella promesa parece publicidad engañosa. El supuesto negociador convirtió la fuerza en argumento y la escalada en política exterior. El problema es que las bombas no corrigen una mala decisión: la vuelven más cara.

El desgaste ya aparece en los números. Silver Bulletin reportó el 21 de octubre una aprobación neta de menos 24.3 puntos, nuevo mínimo de su registro. Conviene precisar el dato histórico: según la comparación que recoge del New York Times, Trump llega a las elecciones intermedias con la segunda peor aprobación presidencial desde 1946, solamente por encima de Harry Truman. La realidad, bien contada, ya resulta demoledora.

Y las grietas alcanzan al círculo que ayudó a encumbrarlo. Según el reporte de POLITICO proporcionado, Peter Thiel cuestionó en un encuentro privado la decisión de emprender la guerra. Que un multimillonario ligado al poder republicano exprese semejantes reservas tiene peso político. No convierte a Thiel en conciencia moral de nadie; exhibe que hasta dentro de esa élite existen dudas sobre una apuesta cuyas consecuencias desbordan los discursos triunfalistas.

También hay que corregir el apellido dentro del apellido: el hijo señalado por la información compartida es Donald Trump Jr., no Eric. Raw Story, citando a The Atlantic y a dos personas que hablaron con él, refiere que se opuso al conflicto desde el principio y expresó sus objeciones a su padre. Es disenso privado reportado mediante fuentes anónimas, no una ruptura pública confirmada. Pero la contradicción salta: defender al líder ante las cámaras mientras se cuestiona su guerra puertas adentro permite conservar el lugar en la familia y dejar que otros paguen las consecuencias.

Mientras tanto, la factura llega sin pedir credencial partidista. Este 22 de octubre, Associated Press informó de un salto superior al dos por ciento en los precios del petróleo tras reportes de daños a buques en Ormuz. El encarecimiento energético presiona transportes, mercancías y presupuestos familiares. La geopolítica baja del podio y aterriza en la gasolinera. Ahí no sirve presumir carácter: hace falta explicar por qué una promesa de estabilidad desembocó en semejante incertidumbre.

Por eso el 3 de noviembre debe convertirse en un cobro de cuentas democrático. Sacar a los republicanos del control del Congreso permitiría exigir investigaciones, fiscalización y límites efectivos al Ejecutivo. Un Congreso nuevo tendría que revisar responsabilidades y, si existen fundamentos constitucionales, impulsar un juicio político. La cárcel requiere otra vía: delitos probados, tribunales y debido proceso. Exigir justicia supone exigir pruebas, incluso contra un presidente que ha hecho del atropello su estilo.

Basta de confundir terquedad con liderazgo y belicosidad con fortaleza. El hombre naranja prometió cerrar guerras; hoy necesita que la ciudadanía le cierre la llave de la complacencia. Votar es ponerle un freno institucional a un poder que perdió el freno propio.

#ElChupacast

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