Donald Trump está hecho un manojo de contradicciones. El hombre que presume de macho acaba de convertir otro mitin en una evaluación del cuerpo del senador republicano Jon Husted. Y por segunda vez en menos de 2 semanas. Uno esperaba propuestas para las elecciones; recibió un recorrido presidencial por las piernas, los hombros y el trasero del compañero.
Primero, los antecedentes. Según testimonios de exempleados recogidos por Maggie Haberman en su libro Confidence Man, publicado en 2022, Trump utilizaba “queer” y “faggot” para burlarse de hombres homosexuales o de aquellos que consideraba débiles: insultos homofóbicos equivalentes, en ese contexto, a “maricón”. Alan Marcus, exejecutivo de la Organización Trump, contó que menospreciaba a un ejecutivo que creía homosexual y presumía de pagarle menos. Así describieron su comportamiento quienes trabajaron con él.
Ahora escuchen al mismo personaje. Este martes 20 de octubre, en Greenville, Carolina del Norte, durante un acto de apoyo al candidato republicano Michael Whatley, Trump regresó a su tema de investigación favorito. Aquí está el pasaje completo, traducido:
“Entonces, él está por acá. Yo estoy por acá, y estoy estudiando su cuerpo. Nunca antes había estudiado el cuerpo de un hombre. No es lo mío. Nada de malo tiene, por supuesto. Siempre empiezo diciendo: ‘Nada de malo’, pero nunca ha sido lo mío, para serles sincero.
“Pero le miré el culo y luego le miré las piernas. Dije: ‘Su culo, mierda, es como, es como una montaña de músculo’. Luego le miré las piernas y dije: ‘Hombre, qué pies tan grandes tiene’. Luego le miré los hombros y le di una palmada en el hombro, y de hecho me dolió la mano. Es como una pieza de acero. Dije: ‘¡Este tipo es un monstruo!’”.
¡Qué observador nos salió el señor! Para alguien que insiste tanto en que no es lo suyo, presentó un inventario bastante detallado. Le faltó pedirle que diera una vueltecita para completar el informe. Y mientras Whatley esperaba su respaldo electoral, el presidente seguía explicando las especificaciones del otro republicano.
Además, esto ya tenía primera entrega. El 12 de octubre, en Ohio, Trump había dicho:
“¡Empecé a examinar su cuerpo porque no sabía que era un gran atleta! Y miré, lo observé de arriba abajo. Le miré el culo, miré todo… y luego le miré las manos. Miren sus manos, ¡tiene como unas garras!”.
Ahora bien, admirar el físico de otro hombre no demuestra su orientación sexual, y ser gay es cosa personal. Lo cómico es escuchar a alguien detenerse tantas veces a aclarar que aquello no le interesa mientras continúa describiéndolo con entusiasmo de vendedor de gimnasio y precisión de sastre.
Ahí está la contradicción: según aquellos testimonios, utilizaba la homosexualidad para humillar; ahora necesita envolver sus propios elogios en aclaraciones preventivas. Puede reconocer unos buenos músculos sin presentar primero una declaración jurada de heterosexualidad.
Pero Trump sigue hablando, y cada aclaración le añade otro capítulo al expediente del trasero musculoso. Con tantos insultos anteriores y tanta explicación presente, el remate prácticamente se escribe solo.
Tiene cola que le pisen.
FUENTES:
- Video en X, compartido por Aaron Rupar
- Mediaite: transcripción completa del pasaje
- LGBTQ Nation: testimonios recogidos por Haberman
- Irish Star: artículo proporcionado
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