SEGURIDAD A BALAZOS: EL ESTADO CONTRA SU GENTE

Publicado el 15 de enero de 2026, 5:35

¿Dónde diablos está el Congreso?
¿En qué punto se supone que el pueblo estadounidense debe aceptar que agentes federales disparen semana tras semana en barrios residenciales, mientras los legisladores miran para otro lado, siguen aprobando presupuestos y llaman a esto “seguridad”?

La semana pasada fue Renee Nicole Good, ciudadana estadounidense de 37 años, asesinada por un agente de ICE en una calle nevada del sur de Minneapolis.
Esta semana, un hombre venezolano recibió un disparo en la pierna durante otro operativo migratorio en el norte de la ciudad. Dos tiroteos en siete días. Dos escenas distintas. Una misma constante: la militarización descontrolada de la política migratoria bajo la administración Trump.

El miércoles por la noche, agentes federales intentaban detener a un hombre venezolano en lo que el Departamento de Seguridad Nacional describió como una “parada vehicular dirigida”. Según la versión oficial, el hombre huyó, fue alcanzado, y junto con otras dos personas “atacó violentamente” a un agente con una pala y el palo de una escoba. El agente, “temiendo por su vida”, disparó.

Esa narrativa —como en el caso de Renee Good— no pudo ser verificada de inmediato. Autoridades locales confirmaron únicamente que el herido presentaba lesiones no mortales. Lo que sí fue plenamente visible fue la respuesta: gas lacrimógeno, agentes fuertemente armados, vehículos tácticos y enfrentamientos con manifestantes.

Más de 200 personas salieron a las calles. Hubo fuegos artificiales lanzados contra la policía, químicos rociados directamente en los rostros de manifestantes y vehículos sin identificación dañados. Oficiales federales, estatales y del Buró Federal de Prisiones actuaron juntos, mientras la policía de Minneapolis admitía algo alarmante: “no nos están informando de lo que hacen”.

El alcalde Jacob Frey fue claro: “Esto no es sostenible”. El gobernador Tim Walz fue aún más directo, calificando el despliegue federal como una “ocupación” y describiendo la situación como “una campaña de brutalidad organizada contra la población de Minnesota por parte del propio gobierno federal”.

Mientras tanto, desde Washington, la respuesta no fue contención sino escalamiento. El Departamento de Seguridad Nacional presume más de 2,000 arrestos en Minnesota desde diciembre. El Pentágono, lejos de frenar la crisis, se prepara para enviar abogados militares (JAGs) para reforzar la maquinaria legal de esta ofensiva migratoria. No soldados: juristas de guerra para una guerra interna.

Y aquí entra la pregunta central que nadie en el Capitolio parece dispuesto a responder:
¿quién autorizó convertir ciudades estadounidenses en zonas de ocupación federal permanente?

La muerte de Renee Good sigue sin respuestas claras. Video muestra a agentes rodeando su SUV, ordenándole moverse, y disparando cuando el vehículo comienza a avanzar lentamente. Aun así, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, insiste en que el agente actuó en defensa propia. Un argumento duramente cuestionado por autoridades estatales y municipales.

La familia de Good, representada por el mismo despacho legal que logró justicia civil para George Floyd, ha sido tajante: no quieren que Renee sea usada como bandera política, sino como símbolo de paz y rendición de cuentas.

Pero la historia no termina ahí.

Organizaciones de derechos humanos y medios internacionales han documentado algo aún más inquietante: el entrenamiento de ICE y fuerzas policiales estadounidenses en tácticas israelíes de control poblacional, desarrolladas en contextos de ocupación y apartheid en Palestina. Programas denunciados por campañas como Deadly Exchange muestran cómo métodos concebidos para reprimir poblaciones “hostiles” se trasladan intactos a comunidades negras, migrantes y disidentes dentro de EE.UU.

No es coincidencia.
No fue un “error”.
No son “incidentes aislados”.

Desde Rodney King hasta George Floyd, desde Los Ángeles hasta Minneapolis, el patrón se repite: vigilancia, criminalización, represión, impunidad. La diferencia hoy es que ICE actúa como fuerza de choque doméstica, con respaldo presidencial y silencio legislativo.

Y mientras todo esto ocurre, el Congreso sigue financiando. Sigue autorizando. Sigue mirando hacia otro lado.

La pregunta ya no es si esto es legal.
La pregunta es cuántas muertes más se necesitan para que alguien en Washington tenga el valor de decir basta.


FUENTES Y DOCUMENTACIÓN

New York Times – Federal agent shooting and protests in Minneapolis
https://www.nytimes.com/2026/01/14/us/minneapolis-federal-agent-shooting-immigration.html

Associated Press – ICE shootings, protests, and federal response
https://apnews.com

HuffPost – Immigration enforcement, protests, and lawsuits in Minnesota
https://www.huffpost.com/entry/immigration-enforcement-ice-shooting_n_69685d9ce4b0774cc19ee4d5

Liberación – ICE y entrenamiento con tácticas israelíes
https://liberacion.cl/2026/01/12/ice-y-las-tecnicas-israelies-apartheid-militarizacion-y-violencia-racializada-en-eeuu/


 

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