DÍA DE MARTIN LUTHER KING, JR.

Publicado el 19 de enero de 2026, 6:06

Mientras Estados Unidos sigue atrapado en una guerra ideológica permanente —polarizado, crispado y cada vez más cínico— la voz del doctor Martin Luther King Jr. vuelve a recordarnos que la esperanza no es ingenuidad, sino resistencia moral. En este Día de Martin Luther King, Jr., conviene detener el ruido, bajar la espuma política y volver a escuchar a quien entendió que el cambio verdadero no nace del poder, sino de la conciencia.


“We Shall Overcome” - TOD@S VENCEREMOS

El día de hoy, Estados Unidos conmemora al reverendo y líder activista por los derechos civiles de los afroestadounidenses, el doctor Martin Luther King Jr.

El doctor King nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta, Georgia. Tras su asesinato en abril de 1968, representantes del gobierno estadounidense —tanto demócratas como republicanos— coincidieron en promover el tercer lunes de cada mes de enero como un día para honrar su memoria.

La campaña para establecer un feriado federal en honor al doctor King comenzó poco después de su muerte. En 1983, el presidente Ronald Reagan promulgó la ley que oficializó esta conmemoración. El día fue observado por primera vez el 20 de enero de 1986.

El pastor King, de la Iglesia Bautista, fue el principal defensor de la no violencia dentro del movimiento por los derechos civiles. Luchó incansablemente contra la segregación y la discriminación racial en Estados Unidos, encabezando diversas acciones pacíficas que exigían el derecho al voto y otros derechos civiles básicos para la comunidad afroamericana. También abogó por la paz y por la erradicación de la pobreza en su país.

Es conocido a nivel mundial por su famoso discurso “Yo tengo un sueño”. Escuchemos una porción:

“Yo tengo un sueño: que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo. Creemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres son creados iguales.”

📄 Discurso completo “I Have a Dream” (1963):
https://www.archives.gov/milestone-documents/martin-luther-king-jr-i-have-a-dream-speech

El sueño del doctor King aún no se ha cumplido. Hoy existen incluso más tensiones raciales que en otras épocas, a pesar de haber tenido al primer presidente afroestadounidense durante ocho años.

Ese sueño no se realizará por la presión de congresistas ni por decisión de un presidente, sino por un cambio interior que debe comenzar en cada persona y, sobre todo, con la educación en el hogar. Debemos enseñar a nuestros hijos que no se permite el racismo ni el odio contra personas de otros grupos étnicos, refugiados, inmigrantes o extranjeros.

Colectivamente, tú y yo podemos ayudar a que el sueño del doctor King se haga realidad.


El discurso del sueño suele citarse como poesía cívica, como consuelo simbólico. Pero Martin Luther King Jr. no fue solo un orador: fue un estratega moral, un desobediente consciente y, cuando fue necesario, un preso político. El mismo hombre que habló de igualdad frente al Monumento a Lincoln escribió, desde una celda en Alabama, una de las acusaciones más devastadoras contra la injusticia cómoda, el silencio moderado y la obediencia ciega a leyes inmorales.

Para entender a King completo —no el mito domesticado, sino el pensador incómodo— hay que leer la Carta desde la cárcel de Birmingham.


Carta desde la cárcel de Birmingham – Versión resumida 

Escribo esta carta desde la cárcel de la ciudad de Birmingham, donde me encuentro encarcelado por participar en manifestaciones no violentas contra la segregación racial. Rara vez respondo a las críticas dirigidas a mi trabajo, pero lo hago ahora porque quienes me critican afirman actuar de buena fe. Por ello, deseo responder de manera paciente y razonable.

Antes que nada, debo explicar por qué estoy en Birmingham. “Estoy aquí porque la injusticia está aquí”. He sido invitado por organizaciones locales y tengo vínculos directos con esta comunidad. Además, no puedo quedarme de brazos cruzados en Atlanta y no preocuparme por lo que ocurre en Birmingham. “La injusticia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todas partes”. Estamos atrapados en una red ineludible de interdependencia; lo que afecta a uno, afecta a todos.

Se critica que nuestras acciones sean inoportunas, pero se ignoran las condiciones que las provocaron. En toda campaña no violenta existen cuatro pasos: recopilación de hechos, negociación, purificación moral y acción directa. En Birmingham agotamos cada uno. Intentamos negociar, pero las autoridades se negaron reiteradamente a hacerlo de buena fe. Se hicieron promesas —como retirar los letreros raciales humillantes de los comercios— y fueron incumplidas. “Fuimos víctimas de una promesa rota”, y no nos quedó otra opción que recurrir a la acción directa.

La acción directa no violenta no busca el desorden, sino crear una tensión necesaria. “La acción directa no violenta busca crear una crisis y establecer una tensión creativa que obligue a una comunidad que se niega a negociar a enfrentar el problema”. No temo a la palabra tensión; temo a la injusticia cómoda. Así como Sócrates provocaba tensión para liberar la mente de mitos, nosotros debemos provocar una tensión social que permita superar el racismo y el prejuicio.

Muchos nos dicen: “Esperen”. Pero “este ‘esperen’ casi siempre ha significado ‘nunca’”. Durante más de trescientos años hemos esperado derechos que nos pertenecen por nacimiento. Es fácil pedir paciencia cuando nunca se ha sentido el látigo de la segregación: cuando no has visto linchamientos, brutalidad policial, pobreza impuesta; cuando no tienes que explicarle a tu hija por qué no puede entrar a un parque público por el color de su piel; cuando tu dignidad es negada todos los días. “La justicia demasiado retrasada es justicia negada”.

También se nos critica por desobedecer la ley. Pero existen leyes justas y leyes injustas. “Una ley injusta no es ley”. Una ley justa eleva la dignidad humana; una injusta la degrada. Las leyes de segregación son moralmente incorrectas porque distorsionan el alma y dañan la personalidad, otorgando al opresor una falsa superioridad y al oprimido una falsa inferioridad. Obedecer leyes injustas solo perpetúa el pecado moral de la segregación.

Confieso que he quedado profundamente decepcionado del llamado “blanco moderado”, más comprometido con el orden que con la justicia, que prefiere una paz negativa —la ausencia de tensión— a una paz positiva —la presencia de justicia—. “El mayor obstáculo del negro no es el extremista, sino el moderado blanco que siempre pide esperar un momento más conveniente”.

También me duele la actitud de muchas iglesias blancas, que han guardado silencio o se han refugiado en una religiosidad cómoda. Hubo un tiempo en que la iglesia no se limitaba a reflejar la sociedad, sino que la transformaba. Hoy, con demasiada frecuencia, respalda el statu quo. Si no recupera su espíritu sacrificial, corre el riesgo de volverse irrelevante.

Se nos llama extremistas. Pero, ¿acaso no fue Jesús un extremista del amor? ¿No lo fue Amos de la justicia, Pablo del evangelio, Lincoln de la libertad? “La pregunta no es si seremos extremistas, sino qué tipo de extremistas seremos: del odio o del amor, de la injusticia o de la justicia”.

A pesar de todo, no pierdo la esperanza. La lucha por la libertad triunfará porque está ligada al destino moral de Estados Unidos. Quienes hoy se sientan en los mostradores segregados no están causando desorden; están defendiendo lo mejor del sueño americano. “Ganaremos nuestra libertad porque la herencia sagrada de esta nación y la voluntad eterna de Dios están encarnadas en nuestras demandas”.

📄 Texto original en inglés – “Letter from Birmingham Jail”:
https://www.csuchico.edu/iege/_assets/documents/susi-letter-from-birmingham-jail.pdf


El sueño sigue incompleto.
Pero no está muerto.

No se construye desde el silencio cómodo, ni desde la obediencia ciega, ni desde la nostalgia domesticada. Se construye desde la conciencia, la educación y la valentía moral de decir no cuando la ley es injusta.


Recordar a King no es ceremonial.
Es una confrontación directa con lo que todavía no hemos querido cambiar.

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