Se cumple un año exacto del segundo mandato de Donald Trump, y el balance no requiere matices ni notas al pie indulgentes. El veredicto es claro: reprobado. Con 1,095 días aún por delante —salvo que el sistema haga lo que hasta ahora se ha negado a hacer— Estados Unidos no está viviendo un gobierno, sino un régimen errático, gobernado por impulsos, resentimientos y escenas públicas que ya no provocan risa, sino alarma.
La imagen que deja este primer aniversario no es la de un líder en control, sino la de un hombre deshilachándose frente a las cámaras. La conferencia de prensa de ayer en la Casa Blanca fue un ejemplo casi grotesco. Trump divagó, arrastró palabras, perdió el hilo y terminó dedicando más atención a un clip de papel que a cualquier idea coherente. En un momento que ya quedó inmortalizado en video, pasó minutos manipulándolo antes de arrojar al suelo su supuesto “libro de logros”, como si el objeto mismo se negara a sostener la ficción presidencial.
Video: https://www.youtube.com/shorts/fDGIuNReyuE
El pasaje más inquietante no fue el gesto, sino el monólogo que lo acompañó. Trump improvisó una historia absurda sobre perder un dedo, no mostrar dolor, conspiraciones internas y “el país más caliente del mundo”, todo mientras insistía en que cada línea del libro representaba algo “que nadie había hecho antes”. No fue un lapsus aislado. Fue un torrente incoherente, difícil de seguir incluso para quienes llevan años traduciendo sus frases al terreno de lo comprensible.
Las reacciones no tardaron. En X (antes Twitter), usuarios de todo el espectro político describieron la escena como “un desastre total”, cuestionando abiertamente su estado de salud mental y exigiendo una evaluación médica formal. Ya no se discute su estilo. Se discute su capacidad real para ejercer el cargo.
Los números confirman esa percepción. Según el Trump Approval Tracker de YouGov y The Economist, Donald Trump ostenta hoy la aprobación neta más baja registrada para un presidente estadounidense en la era moderna.
https://www.economist.com/interactive/trump-approval-tracker
Arrancó este mandato con una aprobación neta de +2. Hoy está en –19. El porcentaje de estadounidenses que cree que el país va en la dirección correcta cayó, mientras que 61% afirma que Estados Unidos va por el camino equivocado. El malestar no se limita a estados demócratas: incluso en entidades que votaron por Trump en 2024, el descontento es profundo. Jóvenes, minorías, votantes con estudios universitarios y hasta adultos mayores —históricamente republicanos— se han ido despegando del proyecto trumpista.
Hace un año, The Economist advirtió que este segundo mandato sería “más disruptivo que el primero”. Hoy queda claro que la palabra correcta no era “disruptivo”, sino destructivo. Trump ha debilitado alianzas, tensado la OTAN hasta el ridículo, dinamitado reglas comerciales y convertido la política exterior en un ejercicio de chantaje personal. El orden internacional no se está reconfigurando: está siendo golpeado a martillazos, con consecuencias que ya no pueden disimularse.
Las consecuencias ya alcanzaron a la economía. Esta semana, los mercados reaccionaron con pánico a nuevas amenazas arancelarias contra Europa y al delirio geopolítico de Groenlandia. El Dow Jones se desplomó casi 900 puntos, el S&P 500 vivió su peor jornada desde octubre y el índice de volatilidad (VIX) volvió a niveles de miedo abierto. Inversionistas internacionales comenzaron, literalmente, a vender a Estados Unidos como activo confiable.
Contexto económico: https://www.economist.com/finance-and-economics
Mientras tanto, el resto del expediente sigue acumulando faltas graves, internas y externas, civiles y geopolíticas:
— Los archivos Epstein siguen sin liberarse completamente, pese a promesas y expectativas públicas.
— La inflación continúa rondando el 3%, sin el “alivio” prometido.
— Los precios del supermercado siguen subiendo, empujados por aranceles y distorsiones comerciales.
— Aliados históricos de Estados Unidos están irritados o abiertamente confrontados, de la OTAN a Europa.
— Estados Unidos invadió Venezuela, secuestró a su presidente y se apropió de su petróleo, normalizando una política exterior de fuerza bruta.
— El gobierno rescató financieramente a Argentina, mientras recorta apoyos sociales dentro del propio país.
— Se retiraron subsidios del ACA, dejando a millones con menos acceso a atención médica.
— La política migratoria se ha convertido en una guerra declarada contra los migrantes, con redadas, detenciones masivas y terror administrativo.
— ICE se ha transformado en una amenaza directa a las libertades civiles, operando con una lógica de policía política más que de agencia administrativa.
Este no es el caos de un principiante. Es el desgaste de un régimen que gobierna a golpes, que confunde berrinche con estrategia, que desprecia el derecho internacional y que erosiona libertades internas mientras presume fuerza externa. Un año después, Trump no enfrenta simplemente malas encuestas: enfrenta una crisis profunda de legitimidad, de credibilidad y de estabilidad democrática.
Si esto fuera una boleta escolar, no habría apelación posible.
Calificación final: REPROBADO.
Y lo verdaderamente inquietante no es la nota, sino que todavía queda mucho curso por delante.
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