Hoy lunes, arde México tras la muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias El Mencho, el hombre más buscado en el hemisferio occidental. Con una recompensa de 15 millones de dólares y bajo intensa presión de Estados Unidos, las Fuerzas Armadas de México lo abatieron en un operativo en Tapalpa, Jalisco, apoyado con inteligencia estadounidense. Murió durante su traslado aéreo a la Ciudad de México.
Fuente: https://www.eldebate.com/internacional/20260223/mexico-arde-muerte-mencho-bloqueos-16-estados-apoyo-inteligencia-eeuu-operativo_388185.html
Pero el país no despertó celebrando. Despertó bloqueado.
Narcobloqueos en al menos 16 estados. Carreteras incendiadas. Bancos atacados. Vuelos cancelados en Puerto Vallarta. Partidos de la Liga MX suspendidos. Código rojo en Jalisco. Lo que vimos no fue la caída del narco. Fue la demostración de su capacidad de fuego incluso sin su líder al mando.
Y aquí viene la parte incómoda.
La historia reciente ya nos dio una lección con Joaquín Guzmán Loera. Su captura no acabó con el crimen organizado; fragmentó estructuras y multiplicó la violencia. El poder criminal no desaparece, se reacomoda.
Mientras tanto, Washington aplaude. La Casa Blanca confirmó apoyo de inteligencia y celebró el operativo como “un gran avance”. El año pasado, Estados Unidos declaró al CJNG organización terrorista.
Fuente: https://www.washingtonpost.com/
Pero hay un dato que no se menciona con el mismo entusiasmo: Estados Unidos sigue siendo el principal consumidor de drogas sintéticas y el mayor proveedor indirecto de armas que cruzan hacia México. La demanda allá financia la guerra aquí. El flujo de armas desde el norte alimenta la capacidad operativa de los cárteles. Esa doble moral lleva décadas intacta.
Y si vamos a hablar de responsabilidades históricas, no se puede ignorar el terremoto político que dejó el juicio en Nueva York contra Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Felipe Calderón. García Luna fue condenado en 2023 por aceptar sobornos del Cártel de Sinaloa.
Fuente: https://www.justice.gov/
Durante ese proceso, salieron testimonios que reforzaron una sospecha histórica: la guerra contra el narco pudo haber estado infiltrada desde dentro. No hay condena judicial contra Calderón. Eso es un hecho. Pero la sombra política es gigantesca.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo sin rodeos:
“Calderón puso en manos de un delincuente la famosa guerra contra el narco.”
Fuente: https://polemon.mx/sheinbaum-tunde-a-calderon-puso-la-guerra-contra-el-narco-en-las-manos-de-un-delincuente/
La muerte de El Mencho marca un punto histórico, sí. Pero no es el final del capítulo. Es el cambio de escenario.
Mientras exista consumo masivo en el norte, flujo de armas sin freno y corrupción en ambos lados de la frontera, los nombres cambian, pero el sistema permanece.
México no arde por un hombre. Arde por décadas de complicidades, mercados binacionales y una guerra que nunca fue solo nuestra.
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